* ¿Es otro síntoma de la esquizofrenia que vive nuestro país? Las principales luchas de los ultimos tiempos son protagonizados por sectores acomodados.
El 21 de febrero, es decir hace un mes justo, se cumplieron exactamente 160 años de la publicación del Manifiesto Comunista, la obra de Carlos Marx y Federico Engels en que se sistematizaba el pensamiento de la Liga de los Comunistas. Una de las ideas principales de ese libro es que la historia del mundo se basa en la lucha de clases, que en la etapa del capitalismo se personifica en el enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado. Es decir, entre patrones y trabajadores.
Mucho agua pasó bajo el puente desde entonces, pero es probable que, si se levantaran de sus tumbas, los defensores de aquellas consignas no pudieran dar crédito a lo que sucede hoy en la Argentina: Las principales luchas del último año vienen llevándose a cabo por sectores sociales que, lejos de ser pobres, están entre la clase media hacia arriba, y muchos de ellos no son trabajadores, sino, lisa y llanamente, patrones. Y por el contrario, los pobres están más tranquilos que nunca.
Tractores si, alpargatas tambien. Veamos, el caso de los productores rurales. Si bien es cierto que no son un grupo homogéneo, porque hay entre los que protestan productores pequeños, medianos y grandes, no se puede decir de ninguno de ellos que son pobres. Teniendo aunque mas no sea unas cinco hectáreas, distan mucho de ser “marginados del sistema social”.
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Las últimas grandes protestas de trabajadores fueron protagonizadas por los gremios de camioneros y UOCRA, de la construcción. En los dos casos son gremios que, si bien siguen siendo trabajadores en relación de dependencia, tienen salarios básicos acordados que superan en un 200% la línea de pobreza, es decir, son salarios de los más altos en esta Argentina del siglo XXI.
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La otra gran lucha que ocupa las primeras planas de los medios desde hace mas de dos años es la gesta de los asambleístas de Gualeguaychú contra la instalación de la papelera Botnia en Fray Bentos. Otra vez, se trata de gente de clase media hacia arriba que no está luchando por un subsidio de desempleo, sino por una consigna de defensa ambiental.
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¿Es otra demostración de que estamos locos? ¿O del eterno inconformismo argentino? Es una posibilidad. La otra interpretación posible es que, superada la primer urgencia del hambre que azotó nuestro país en 2001, ahora empiezan a rebelarse los que más tienen para perder.
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