Bolsillos sin tregua: la morosidad familiar volvió a crecer en julio 2026
La mora de los hogares marcó 12,94% en julio, nuevo récord. 5,9 millones de personas arrastran pagos vencidos y las refinanciaciones trepan a máximos históricos.
La morosidad en los créditos al sector privado volvió a crecer en julio y perforó su propio techo histórico. Según un informe de la consultora 1816, el indicador de irregularidad —que mide los préstamos con al menos 90 días de atraso— pasó del 7,63% en junio al 7,73% en el séptimo mes del año. Detrás de esta cifra global se esconde un diagnóstico más alarmante: el bolsillo de las familias sigue siendo el eslabón más débil.
Los hogares encabezan el deterioro. La mora familiar trepó del 12,77% al 12,94% en solo un mes, mientras que la de las empresas avanzó de manera más moderada, del 3,50% al 3,61%. El dato no refleja un salto abrupto en el monto impago, sino el achicamiento del stock total de préstamos: al haber menos créditos vigentes, la proporción de los que caen en default se incrementa automáticamente. En números concretos, 5,9 millones de personas se encuentran hoy con deudas familiares en situación irregular, lo que representa el 28% de los argentinos que poseen algún financiamiento activo.
El termómetro del sobreendeudamiento marca también un récord en las refinanciaciones. El saldo renegociado alcanzó el 3,7% del total de créditos a familias y el 0,8% de los otorgados a empresas, los niveles más altos en décadas. Solo los hogares refinanciaron obligaciones por cerca de $2,6 billones. Esta herramienta podría aliviar la mora en los próximos meses, aunque su efecto no opera de inmediato: el deudor que refinancia debe demostrar varios pagos consecutivos al día para normalizar su situación crediticia.
El panorama se agrava en el segmento no bancario, donde operan billeteras virtuales, emisoras de tarjetas y otras compañías financieras. Allí, la mora familiar escaló al 33,69%. Tarjeta Naranja y Mercado Pago concentran cerca del 54% del financiamiento a hogares en este universo. Si bien el grueso del saldo impago todavía reside en la banca tradicional —65% del total irregular—, el número de personas con atrasos es mayor en el sector no financiero: 4,2 millones contra 3 millones en bancos. Estas cifras no se suman, ya que muchos deudores tienen obligaciones en ambos frentes.
El perfil del moroso revela otra arista. La deuda promedio en el sistema financiero asciende a $4,8 millones, y en el no bancario a $1,2 millones. Pero la mediana muestra una realidad más extendida: la mitad de los deudores irregulares adeuda menos de $626.000, un monto que evidencia cómo pequeños créditos se vuelven un lastre en presupuestos ya ajustados, en un contexto donde la mitad de la población percibe ingresos inferiores a $800.000 mensuales.
En la comparación regional, Argentina registra una mora del 7,7% sobre el crédito total, una cifra elevada. No obstante, la escasa penetración del sistema financiero acota su impacto macro: los préstamos irregulares equivalen a cerca del 1,1% del PBI, por debajo de varios países de Latinoamérica. El síntoma está ahí, aunque su gravedad sistémica todavía encuentre un techo.
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