¿Comprar o alquilar?
Mas allá de las fantasías acerca de "la casa propia", nuestro consultor financiero sostiene que no siempre alquilar es tirar la plata y que comprar puede ser, en algunos momentos, muy mal negocio.
Marcelo Elbaum
Esto está muy ligado a la creencia (en muchos casos correcta) de que la “inversión en ladrillos” se presenta como un respaldo seguro y por lo tanto, la casa propia se asocia a la sensación de haber invertido los primeros ahorros a salvo de la inflación.
Si bien en el largo plazo las propiedades son un buen resguardo, sus precios tienen oscilaciones que hacen que en determinados períodos caigan por debajo del valor de largo plazo y en otros se ubiquen por encima de dicho precio. Como se puede apreciar, esto tiene mucho en común con la inversión en acciones. ¡Qué sorpresa para muchos que no invierten en acciones por miedo y sí invierten en propiedades! ¿no? Volveremos sobre este punto en otro momento.
Es increíble como las creencias nos llevan a tomar decisiones equivocadas. Cuando uno compra una casa mediante la obtención de un préstamo, uno se obliga a devolver el capital tomado en préstamo más una tasa de interés, por el costo del dinero. Existen diversos sistemas para calcular las cuotas a pero el más utilizado es el que se conoce como Sistema Francés que tiene la particularidad de que la cuota de devolución es fija a lo largo de la vigencia del préstamo. Cada una de esas cuotas incluye el pago de intereses y la devolución del capital. En las primeras cuotas, la devolución del capital es pequeña y va creciendo en las cuotas sucesivas. Por el contrario, el interés es muy alto en las primeras cuotas y va decreciendo en las cuotas sucesivas, porque se va amortizando el capital. (Nota: los bancos utilizan este sistema porque su negocio es cobrar intereses, por lo que prefieren que los tomadores de préstamos no precancelen rápidamente, porque es al inicio del préstamo donde cobran intereses mayores).
Luego de un tiempo, supongamos el mismo plazo al que se hubiera tomado el préstamo, se cuenta con el mismo dinero que se le hubiera pedido al banco. No sólo eso, sino que por el dinero ahorrado se habrá ganado una tasa de interés por lo que tendríamos más que el capital que nos hubiese prestado el banco.
Ni que hablar si la tasa de alquiler es inferior a la tasa del préstamo: se ahorraría muchísimo más. Imagínense que la tasa del alquiler fuera del 6% y la tasa que cobra el banco por los préstamos fuera del 14%. Se ahorraría 8 % anual!!!!!!
Moraleja: Alquilar no es tirar la plata. En determinados momentos, cuando el alquiler es menor a la tasa de los préstamos y no se espera que se aprecie el valor de las propiedades, alquile. Al final podrá comprar una mejor propiedad
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