Cuánto debe ganar una familia tipo para formar parte del 10% más rico de la población argentina

Economía

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA advirtió que la caída de los ingresos provenientes del trabajo dificulta quebrar el círculo de la pobreza y perpetúa situaciones de exclusión económica, social y territorial.

La brecha de ingresos entre ricos y pobres se sigue ampliando merced de las políticas económicas impulsadas por Javier Milei y Luis Caputo que, mientras licúan de manera sistemática el poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores, eliminan al mismo tiempo impuestos a los bienes de lujo, alivian la carga del Impuesto a los Bienes Personales y habilitan un constante blanqueo de fondos provenientes de la evasión.

Ante este escenario, el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) describió la situación de las familias según el lugar que ocupan en la pirámide social. El centro de estudios señala que en el tercio superior, se configura un estrato de clases medias-altas y altas plenamente integrado a los circuitos formales, globalizados y de alta productividad.

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Es un segmento con acceso estable a bienes públicos de calidad, capacidad de ahorro, inversión en capital humano y redes de oportunidad, y con capacidad de orientar sus decisiones económicas hacia horizontes de largo plazo.

En términos de ingresos, para integrar el 3% de mayores recursos, el hogar familiar requiere percibir al menos 30 millones de pesos al mes. A continuación se ubica el 7% que conforma la clase media alta, con ingresos desde 15 millones de pesos. Luego aparece el 20% correspondiente a los sectores medios integrados, cuyo piso de ingreso se sitúa en 5 millones de pesos.

En el tercio intermedio, se ubica una amplia clase media y media baja aspiracional, “sostenida por inserciones laborales formales y semi-formales, cuya estabilidad depende críticamente del ciclo económico. Este grupo acumula expectativas de movilidad pero sufre frustración, incertidumbre y desconfianza política ante la recurrencia de crisis macroeconómicas, la volatilidad del ingreso real y el deterioro de bienes públicos clave”, indicó el ODSA.

En el tercio más bajo de la distribución se agrupa una población inserta en trabajos informales, inestables o de mera subsistencia, condicionada por un entramado de baja productividad, menor nivel educativo acumulado, fragilidad laboral y fuerte dependencia de asistencia estatal.

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El ODSA indica que la debilidad de los ingresos provenientes del trabajo dificulta quebrar el círculo de la pobreza y perpetúa situaciones de exclusión económica, social y territorial.

Ahora bien, el 20% que integra el segmento bajo no indigente necesita contar con ingresos de al menos 800 mil pesos. Esa misma suma, en paralelo, funciona como el límite máximo para el 10% ubicado en situación de pobreza extrema.

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Puntualmente sobre este segmento, el informe asegura las medidas de liberalización aplicadas por el gobierno de Milei entre 2023 y 2024 profundizaron la crisis previa, aunque hacia el segundo semestre de 2024 la estabilización macroeconómica y una recuperación parcial de los ingresos comenzaron a moderar las tasas de pobreza e indigencia.

No obstante, observan que la mejora observada en los indicadores sociales durante el período 2023-2025 se asocia principalmente a la desaceleración inflacionaria, más que a una recomposición genuina del poder de compra o a un aumento sostenido de la capacidad de consumo de los hogares.

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