¿Está bien darles una mensualidad a los hijos?

Economía

* Cuado se acercan a la adolescencia, los chicos empiezan a tener gastos extra.
* Es un buen momento para que aprendan a administrar su dinero,
* Pero antes, los padres deben evaluar que valores quieren transmitir sobre este aspecto.

Muchos especialistas en minoridad sostienen que a partir de los siete años, aproximadamente, los chicos están en condiciones de recibir el dinero para sus pequeños gastos semanales, porque ya manejan los conceptos de suma y resta. Claro, les falta manejar los criterios de caro y barato pero, dicen, es algo que se va incorporando de a poco. El tercer par de categorías necesarias para un buen manejo del dinero es el de deseable o necesario, aunque eso recién puede esperarse después de los diez años. 

No obstante, es a partir de los trece años, edad que se conoce actualmente como “preadolescencia”, en que el dinero adquiere relevancia y para que se transforme en herramienta pedagógica hay que acompañarla con una conversación que subraye esa importancia.

En esta etapa, los chicos tienen gastos que están por afuera de la economía familiar: salen con amigos, no aceptan ya que la madre les elija la ropa, los gastos de sus celulares se convierten en una pesadilla, en fin: se vuelven adolescentes.

En cualquier caso es probable que, si no han desarrollado una cultura de la administración de sus gastos se lleven una sorpresa muy ingrata cuando sientan que el dinero se les esfuma. ¿Qué hacer?

Determinar primero las propias expectativas
Al comenzar a analizar el tema, es prudente que los padres se aclaren a sí mismos que darles dinero  es un acto voluntario, al margen de la obligación que tienen de proporcionarles a sus hijos casa y comida.
Para esto, antes de decir la primera palabra los padres necesitan reflexionar acerca de los valores que quieren transmitir y fomentar en sus hijos en relación con el dinero: Aquí van, como ayuda, algunos ejes sobre los cuales reflexionar
• ¿Deseo que mi hijo ahorre una parte? ¿o creo que es mejor que la gaste toda y se sacie con ella todos sus caprichos, de modo que no tenga yo que hacer gastos extras de ningún tipo?
• ¿Qué pasará con el acto de compartir? Nadie mejor que los padres conoce la personalidad de sus hijos. Si la mensualidad es muy alta ¿invitará a sus amigos o se volverá cada vez más amarrete?
 
• En el momento en que se establece el pago periódico, éste se transforma, a su vez, en un derecho. ¿Lo tengo presente? ¿O estoy pensando en este dinero dentro del sistema de premios y castigos? En ese caso, si el dinero se vuelve una herramienta supeditada a lo bien o mal que hacen sus tareas, estamos hablando de otra cosa, algo que no les ayudará a desarrollar su independencia.

Apuesta al diálogo
Es fundamental, entonces, que desde la primera vez que se establece la mensualidad (o pago semanal, o quincenal), quede claro el concepto para ambos: Se trata de una enseñanza y un aprendizaje más dentro del desarrollo de la vida.

Por esto, para que la herramienta sea efectiva, la primera conversación será fundacional y como tal debe ser preparada: Es entonces sumamente útil establecer con claridad qué gastos seguirán a cargo de los padres. Con algunos rubros es fácil: la comida diaria y el mantenimiento del hogar siguen como indudable responsabilidad paterna, mientras que la asistencia a bailes, recitales, compra de CDs, etc. quedan sujetas a la administración del chico.

La experiencia indica que el rubro de la ropa es uno de los más discutidos, aunque una de las soluciones más comunes a este tema es considerarlo un rubro compartido. Ellos saben bien qué quieren, pero no siempre desarrollan temprano el concepto de lo que necesitan, sobre todo en un rubro en que las modas tienen tanto peso. Es probable que quieran dos pares de zapatillas muy costosas o la remera de su banda de rock preferida pero que se despreocupen del abrigo, por ejemplo. Si desde el principio se establece que la ropa es un rubro compartido, no se romperá el objetivo pedagógico al comprarle, digamos, un pulóver o un buzo.

Pero ¿cuánto es una cifra razonable?
Aunque no siempre es fácil de realizar, es muy conveniente elaborar junto al joven una lista de sus gastos habituales. Es una tarea que toda persona hace varias veces al año y es un buen punto de partida para ponerle precio a la mensualidad. Consensuar sus necesidades y gustos le servirá también a él o ella para tener una idea de lo que gasta (y lo que podrá gastar), con lo cual es una primera toma de conciencia.
Como consejo, no es conveniente que les sobre mucho, aunque la situación financiera de la familia sea holgada, porque ya sabemos que la economía es el arte de administrar bienes escasos. Si sus recursos son abundantes, flaco favor le haremos a su educación.

Sin embargo, el elemento que más determinará el establecimiento conjunto del pago es la realidad económica de la familia. El sinceramiento de los gastos del hogar permitirá, por un lado, que el hijo tome conciencia de los esfuerzos de sus padres. Pero fundamentalmente, se avanzará en desactivar uno de los conflictos centrales que aqueja a la adolescencia: La sensación de no compartir proyecto con la familia. Los especialistas en juventud sostienen que el no sentirse incluidos en el plan familiar es una característica masiva en los jóvenes de la sociedad moderna. Un buen camino para evitar o disminuir este conflicto casi existencial es explicarle los proyectos económicos (una mudanza próxima, el cambio de automóvil o una inversión reciente) y conseguir, de paso, avanzar en la estimación conjunta de su mensualidad.

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