Los diálogos más sabrosos de las "Charlas de Quincho"
* Los cumpleaños de Fernando De La Rúa y de Antonio Cafiero son los escenarios principales de este clásico del periodismo argentino, creado por Ámbito Financiero y que minutouno.com resume cada lunes para sus lectores
Era el sábado al mediodía y, en verdad, esa descripción presunta sobre Redrado se replicaba en otro lugar, se confirmaba: a esa misma hora, en Olivos, el Presidente repetía con enojo, frente a unos pocos -ya que faltaron jugadores para el fútbol habitual- lo que resonaba más adelante, casi en Pilar. Aunque con más detalles: “Miren lo que dice este muchacho, y encima en qué escenario, en Londres, para que lo escuchen todos”. Casi para acompañar su ira, lo exprimían: ¿Y por qué lo habrá hecho? “No lo entiendo -replicó Kirchner-, de bocón nomás, de pajero que es.” Y al definir esa conducta también expresaba el castigo presunto: sólo una sanción oral, la manifestación del disgusto; no cree -al menos eso dio a entender- que el titular del Banco Central, con esas expresiones, tuviera una segunda intención.
* Ese cotilleo sobre la trastienda del gobierno a duras penas le quitaba el malhumor a los presentes en el cumpleaños, unos 200 que llegaron maldiciendo por el tirón hasta la quinta, el largo tramo casi cenagoso para llegar y, luego, superar desde el parque donde estacionaron, manchones anegados de agua y barro que ensuciaron zapatos y pantalones. Por no hablar, claro, de las quejas femeninas. En un país donde los presidentes hasta se hacen aeropuertos para sí mismos (por Carlos Menem y Néstor Kirchner), De la Rúa ni siquiera se hizo asfaltar un camino de tierra para llegar a su casa, bramó un Bernardo Neustadt más molesto con antecesores y sucesores que con las propias desaprensiones de De la Rúa, quien nunca imaginó el Estado para su servicio familiar (bueno, en cierta ocasión tuvo algún problema con el jardinero).
Bueno, pero no nos olvidemos del caso Redrado, ¿qué pasará?, le preguntaban a los importantes. Nadie sabía, pero hubo un viajado y con experiencia gubernamental con De la Rúa que dijo: Lo que pasa con Redrado es una complicación, otra más en la semana en que un gendarme le pegó un tiro de goma a una periodista. Son muchas complicaciones sumadas en los últimos tiempos. Es que, como dice Nicolas Sarkozy, a quien había advertido con su consejo Jacques Chirac, “en política, cuando aparece la mierda, siempre se viene en escuadrilla”.
* Igual, el tema de la austeridad del ex mandatario radical dominó a buena parte de los que acudieron a la casa («La Rosadita», nombre algo desactualizado) y no la conocían de antes, caso Domingo Cavallo, Carlos Corach, el propio Neustadt, quien habló a los invitados justamente sobre ese tema (y de paso castigó a Eduardo Duhalde y a Raúl Alfonsín, el dúo democrático que facilitó la salida violenta de Fernando de la Rúa del gobierno). Habían colocado unos telones de nylon sobre las galerías para proteger a los invitados; circularon unas empanadas y choripanes -para continuar con el módico gasto-, había un vino de mediana calidad aunque de raro nombre y, por fin, circuló un arrocito con pollo para cerrar, avanzada la tarde, con una ensalada de frutas. Algunos esperaban hasta las cinco, no la mayoría, pues se comentaba que vendría Shakira. Pero no llegó nunca -estaba su pareja, Antonio-, la esperaron hasta las 9 de la noche, ya con unas pizzas en el medio, unos cuantos sedientos de farándula.
• “Te voy a decir que esto del INDEC es un escándalo”, le refería un indignado radical a otro. “Ahora -precisó- Guillermo Moreno va a quitar a la medicina privada del índice, así permite que aumenten lo que se les dé la gana.” Contestó el interlocutor partidario, casi un K: “Bueno, finalmente, la medicina privada encierra un universo de gente no demasiado significativo, no sé si está tan mal esa decisión”. De seguir así, con explicaciones o no del gobierno, Moreno vaciará de artículos la canasta a medir por el organismo oficial, alcanzará al cero soviético de inflación porque nada habrá que considerar. En el cementerio no hay inflación, le atribuían a Ricardo Balbín, quien no revelaba de dónde había sacado esa frase. Dialogaban sueltos Cavallo y Corach, amigos hoy; por otros rincones se filtraban familiares sin ausencias, Zenón Cevallos, Enrique Mathov, Nicolás Gallo, Noli Listre, Guillermo Moreno Hueyo, Héctor Lombardo, Ignacio Gutiérrez Zaldívar, Luis Cetrá, Enrique Espina, quien tocó tangos y folklore con la guitarra para alegría de Luis Uriondo, los Avalos parientes, Leonardo Aiello y Ricardo Ostuni, el experto en lunfardo.
Afortunadamente para otros cultores de músicas diversas, aterrizó el bailantero Tony Caride, hombre de La Plata que llegó con dos generosas bailarinas y logró que se anotara en la cumbia la mayor parte de los presentes -se escondió, para no participar, la esposa del cumpleañero, Inés Pertiné-, incluyendo al propio De la Rúa, más rozagante y con varios kilos más, quien bailó la charanga con menores y mayores, sin discriminación, hasta con Teresa Bulgheroni, calentando él mismo el ambiente con el micrófono junto al cantor bailantero. Pocos empresarios, Carlos Martinangeli (Nec) y otro, Don Diego, que ahora se ocupa del negocio de los muertos y en España le vendió una constructora a las hermanas Koplowicz cuando éstas compartían intereses empresarios. No se vio, en cambio, a vecinos del barrio como Enrique Nosiglia y Fernando de Santibañes -ambos en EE.UU., comentaban-, tampoco a otros conspicuos de lo que fue su gobierno, tiempos en que rompían puertas para verlo. Así es la vida, reza un film argentino de hace muchos e inalterables años.
* Parece un final, claro. No lo es: sería una picardía olvidar la multitud de diálogos que en ese festejo produjo una reciente declaración del hombre que, antes, Raúl Alfonsín, consideraba un enano fascista y hoy lo tiene de principal asociado: Eduardo Duhalde. Como el bonaerense ha dicho que regresará a la política, como si fuera un deber o una asignatura pendiente, las interpretaciones y opiniones fueron varias. Ninguna positiva, ya que el solo nombre de Duhalde irrita a lo que está cerca, lejos, pertenece o le es ajeno a De la Rúa. Lo mejor, sin embargo, fue la expresión de un imaginativo asistente: esta aparición de Duhalde, razonó, es un operativo del gobierno Kirchner para impedir que siga bajando en las encuestas la señora Cristina. Es que si a los argentinos -explicaba- se les plantea que Duhalde y su mujer pueden volver a ser gobierno como alternativa a los Kirchner, no hay osado que se pase entonces a la oposición. Por lo tanto, esas expresiones de su vuelta sólo favorecen a los santacruceños.
* Le comentaron que el elixir de la vida, de la prolongación, pasa por los festejos recurrentes y los homenajes reiterados. Entonces, Antonio Cafiero no se priva y celebra cumpleaños por docenas, en restoranes o en su casa, más restrictivamente esta vez. Sólo 50 personas en su chalet de San Isidro, 85 años bien valen una misa aun en su propia capilla de Clemente Onelli. Asado mediante, naturalmente. Y recolectó a quienes ya son consuetudinarios a sus saraos, quienes no se aburren de sus reuniones o las consideran parte de una tertulia política como si fueran las logias del siglo XIX: léase Moisés Ikonicoff, Alberto Iribarne, Pepe Albistur, Ginés González García -no quiso opinar sobre la llegada de Claudio Zinn como ministro de Salud de Daniel Scioli-, Teresa García, Osvaldo Papaleo, Jorge Telerman, Dante Gullo, Alberto Balestrini (al parecer, algo enfrentado con Alberto Fernández), Cacho Alvarez, Osvaldo Mércuri y Osvaldo Agosto. Un cóctel de peronistas, algunos K, otros sin sueldo.
Festival aparte tuvo el alocado rumoreo sobre un arquero de fútbol ahora venido a candidato a intendente en La Plata, llamado Carlos Castagneto. No es el preferido de la Casa Rosada, se reconoce, pero nadie se atreve a impugnarlo: es que se ha ganado la confianza de la familia (uno de los primeros en anotarse “en el proyecto”) y, particularmente, el corazón de la hermana presidencial, Alicia, quien lo impulsa como adversario de Julio Alak. Hasta ahora, las encuestas no lo favorecen a Castagneto, tampoco enhebró alianzas importantes, pero cobijado por Alicia como novio oficial obliga a que muchos seguidores del oficialismo, gente propensa al felpudismo más exactamente, a veces piensen en lo peligroso que sería desairar a la hermana del Presidente.
Sobre esto, claro, bromeaban los asistentes.
* Y expresaban, además, cuestiones más serias. Preguntó uno: “¿Cuál será el primer acto oficial de Cristina de Kirchner?”. Y se respondió a sí mismo, típico de peronista engreído: “Renegociará con el Club de París, se le pagará la deuda y bajo las condiciones del FMI”. La razón del cambio: ella, la candidata, volvió de Alemania inquieta por las expresiones empresarias y del propio Estado que recogió, por las advertencias de que en estas condiciones cualquier situación económica se vuelve insostenible y que, otra parte, ningún crédito blando le será concedido a la Argentina si no hay un acuerdo con el Club de París. Entonces, reconocían, se hará un trato apenas gane Cristina (si gana, naturalmente) por el cual habrá mucha prensa en torno a un anuncio con una posible quita y un período de gracia, de modo que la población acepte la iniciativa como un alivio y no como una carga. Siempre se trabaja más en la propaganda que en la realidad.
Después, ya con el postre helado, con imposición de la mayoría opositora del peronismo -escandalizada por la forma en que los han privado de cargos en las listas bonaerenses y por la arbitrariedad con la cual fueron manejadas-, se aprobaron entre risas los esquicios publicitarios que suele protagonizar Alberto Rodríguez Saá como rival de Cristina. Decían que aún no se atreve a compararla con Isabel Perón, pero que va en esa dirección, al igual que sueña debatir con el propio Kirchner sobre el “tren fantasma”. Sí, dirá, integramos el tren fantasma, pero todos sabemos quiénes somos, lo que hicimos, lo que haremos. En cambio, al revés de Blumberg o Telerman que usurparon un título, Kirchner nunca estuvo en ningún lado, jamás participó en nada, y lo más grave es que ha usurpado una historia que no le pertenece. Dura esa campaña, se solazaban, cuyo mayor ejemplo es el viaje -bastante escondido por la prensa- de Rodríguez Saá a Río Gallegos. Allí, en un discurso, frío como una daga, dijo: “Pregunté por Cristina en el Senado, y no estaba; luego pregunté en la provincia de Buenos Aires y tampoco estaba; la busqué aquí, en Río Gallegos y tampoco la encontré. Me dicen que anda por Alemania adonde fue a decirles a los alemanes que traigan plata a la Argentina. ¿Qué le contestaron? La vamos a llevar cuando, ustedes los Kirchner, lleven su plata a la Argentina. Les pregunto yo a ustedes, santacruceños, ¿qué han hecho de malo para que los Kirchner no quieran traer su plata a esta provincia?”.
• Demasiado olor a masculinidad en ese quincho sanisidrense, mejor saltar a otro con algunas damas poco machonas y dedicadas al arte de la comida. Al Espacio Dolli, lugar postmoderno donde se han instalado Dolly Yrigoyen en Colegiales y en el que la Academia de la Gastronomía realizó su cena mensual. Discreta con el plato fuerte (lomo de cordero bien salado, con la compañía de un estofado de papas que valía como plato individual), pero deliciosa con la iniciación de minipizzas con huevo de codorniz (los que le hacen alcanzar el paroxismo a Uma Thurman) con jamón crocante y aceite de trufa, para cerrar con varios postres, el principal inolvidable: mousse de queso camembert con cascos de membrillos y pan de nuez (no resultó estético verlo repetir varias veces a Jorge Pereyra de Olazábal, siempre chupándose los dedos, fruto -concluían algunos- de su sociedad política con el peronismo puntano).
Tampoco en esa academia abundan las damas, de ahí que convocaron a Bettina, la esposa de Alejandro Bulgheroni, dueña de una producción de olivas que sorprende pasando Punta del Este (dos mil hectáreas sobre un campo de 32 mil). Otras damas eran María Podestá y Silvia Sanguinetti, esposa de Julio, el ex presidente uruguayo. Buenos vinos, de nombres poco conocidos (unos con etiquetas que pintó Juan Lascano, desnudos que por su realismo han sido sacados de circulación), y el chocolate en múltiples formas que produce el hijo de la dueña del restorán. Había quien anunciaba la creación de un cable de TV sólo dedicado al turismo (Roberto Vivo), otro (Enrique Larreta) hablaba de su entrevista con José María Aznar en Madrid y el escaso atractivo que revela Mariano Rajoy como líder del PP con los españoles.
Conjeturas diversas, nuevos tópicos, hasta que un testigo proporcionó un dato bajo la forma de pregunta: ¿ustedes sabían que el Che Guevara fue modelo publicitario?
• Sonrisas incrédulas y el cuento real a continuación de una buena cena que, seguramente, aparecerá en un film futuro sobre el propio Guevara (auspiciado por más de una universidad bonaerense). Un episodio sobre alguien, el Che antes de ser el Che, quien apareció en dos avisos de la revista “El Gráfico”, en 1950 (una con tapa del wing izquierdo de Racing, Ezra Sued, uno de los primeros en jugar con lentes de contacto). En el interior del entonces semanario, Guevara aparece promoviendo un pequeño motor (Micrón) que se adosaba a la bicicleta, equipo con el cual él recorrió 12 provincias. Se completa el anuncio con una fotografía del luego guerrillero y, además, una carta con su firma (Ernesto Guevara de la Serna) en la cual escribe bondades sobre el motorcito. Casi todos quedaron azorados por la historia, salvo un aguafiestas quien dijo que eso ya fue narrado en más de una biografía de Guevara, inclusive hasta con la comprobación de que, como pago por su rol de modelo, había cobrado un service gratis para el motor de su bicicleta. Lo cierto es que todos se entretuvieron, más al día siguiente cuando llegaron por Internet los testimonios fotográficos de aquella incursión de Guevara en un medio publicitario del deporte.
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