Los mejores momentos de las "Charlas de Quincho"
* Las cenas preelectorales son los escenarios excluyentes para este espacio clásico de Ámbito Finaniero, que minutouno.com entrega cada lunes en versión abreviada para sus lectores.
* Llegaron gobernadores triunfantes como Mario Das Neves (Chubut) y José Luis Gioja (San Juan) para empaparse sin rubor en el vino local (hay furor por las exportaciones de Malbec, que subieron 40% en un año). Y mancharse como corresponde con las empanadas locales, un hallazgo para los neófitos, ya que han sido el último premio a las mejores del país consagradas por la Academia de la Gastronomía. No faltaron el vicegobernador local Juan Carlos Jalip, activos y ex como Rodolfo Gabrielli, el radical Gabriel Fidel, Víctor Fayad, Omar de Marchi y Celso Jaque, hoy posible vencedor por la división de la UCR, peronista que hace cuatro años se presentó de la mano del kirchnerismo y casi termina último. Ahora, despreciado por el oficialismo que acompaña a Julio Cleto Cobos, marcha primero y lo empezaron a endulzar a último momento desde la Casa Rosada (el Presidente ya se sacó una foto con él, no vaya a ocurrirle la equivocación que tuvo con el chaqueño Jorge Capitanich: tan poco creía en su victoria que ni siquiera lo recibió en la Casa de Gobierno antes de las elecciones).
Quienes habían lanzado el anuncio de Sanguinetti al Colón comentaban otro anuncio, para nada político, que según ellos se producirá hoy en el programa de Susana Giménez. Algo del espectáculo, poco frecuente, hecho del cual no dejaron siquiera una pista, salvo que tal vez se tratara de un cambio de rubro. Habrá que esperar la novedad en la tele. Servían, generosos, importado queso de grana padana -un lujo como el tomate y la papa-, brochettes de pollo mientras algún funcionario revelaba: Cristina de Kirchner pronto irá a Bariloche, en campaña, a la fiesta del chocolate casi con la prohibición de comerlo (más por la dieta que por sus virtudes afrodisíacas). También, confiaban, visitará luego a su amiga Silvana (administra el hotel Los Sauces en El Calafate).
* Todo ocurría frente a una de las cinco plazas de la ciudad -instaladas como resguardo para terremotos- con infinidad de carteles con propaganda política, todas iguales, como si fueran realizadas por la misma agencia de publicidad: fotografía mejorada con fotoshop de los diversos candidatos y una leyenda para salvar la provincia, hacer el cambio o promesas del estilo. Adentro, mientras, el festejo solventado por Repsol YPF (una vez que un grupo argentino se haga de 25% de la empresa, hacia marzo, ¿no comenzará un proceso de complicación interna para luego desalojar totalmente a los españoles de la conducción?) hervía con los comentarios de lo que el ninguneado Cobos dice que conseguirá para la provincia si gana con Cristina de Kirchner la presidencia, mientras algunos se desayunaban de ciertos artistas clásicos con filiación mendocina: del francés Fernando Fader al croata Ducmelic, el inglés Koek, el belga Delhez, contemporáneos como Carlos Alonso o ídolos locales como Bermúdez y Sarelli. Habían impresionado también obras de Pérez Celis, Petorutti, Soldi, Lascano y hasta un salteño Vidal Lozano.
* Hubo tiempos en que obispos y priores, monjes guerreros en suma, provenientes de las órdenes militares, se destacaban por sus galanterías, estocadas y sablazos. Ya no queda nada de esa estirpe en los sacerdotes (lo de los «sablazos» se mantiene, siempre y cuando uno acepte la traducción lunfarda de ese término), menos en aquellos que se reunieron para agasajar en una corta cena al cardenal Rafael Martino, ex embajador del Vaticano en Naciones Unidas, y hoy ministro del Papa encargado de Acción Social y la doctrina al respecto. Un personaje de la primera línea de Roma al cual homenajeó en su casa Esteban Caselli, hombre de la Iglesia que surcó diversos gobiernos y que ahora auspicia a dos hijos, uno como candidato a diputado y al otro como directivo en River.
Fue en una mansión con abundancia de mármoles en un barrio cerrado de la calle Don Bosco, en San Isidro, con sacerdotes varios (los más notables, los monseñores Aguer, Elizalde, Sarlinga, Monahan), ex embajadores y aspirantes al Senado (Juan Archibaldo Lanús), empresarios como Alejandro McFarlane, Bernardo Neustadt y gente del deporte como Fernando Marín y Fernando Niembro. Pasó un rato del servicio el nuncio y, a los postres, llegó Juan Carlos Blumberg, agitado, tenso, como esos periodistas sin paz que cambian vida por poca plata. Tampoco revelaba buen humor: según él, hay una suerte de estafa que practican los encuestadores y al respecto preguntaba, se preguntaba: ¿Cómo es posible que yo registre no menos de 8% de opinión favorable en toda la provincia y, al mismo tiempo, las encuestas afirmen que sólo me votará 1% del electorado? ¿No creen que hay algo raro? Impresión crítica también en el resto de los participantes, saldo de la comida: no precisamente oficialista -aunque se habló poco de política-, en la que Neustadt dijo metafóricamente que había poca iluminación y el invitado de honor bendijo «para salir de la oscuridad».
* Hubo bandejeada, una entrada verde y luego un lomo, cerrando con postre de chocolate (aunque Martino y Lanús pidieron helado de crema como reemplazo). Hablaron el convocado, Caselli y, más largo, Aguer. Muchas referencias a la pelea de la Iglesia contra el aborto, y un Martino alarmado porque allí pareció enterarse de que, en cuatro años, el presidente Kirchner nunca había recibido al arzobispo Jorge Bergoglio. Lo consultaban a McFarlane con discreción sobre el aumento de tarifas -y a los encuentros de Marcelo Mindlin con Julio De Vido en la semana-, él se mostró gracioso diciendo que a los amigos no les faltará la luz. A su vez, Lanús, candidato porteño de Alberto Rodríguez Saá, refería una observación propia sobre las próximas elecciones: dijo que, a su juicio, en el país -desde 1853- sólo hubo 10 elecciones sin fraude ni proscripciones. ¿Y ésta? Por supuesto, es anómala también -señaló-; el peronismo está proscrito, igual que en tiempos de la Revolución Libertadora. Desde que se introdujo en la política parece haber postergado ciertos atavismos diplomáticos.
Después, para seguir en la estela, recordó que ya en los sainetes de principios del siglo pasado se hablaba sobre los «caudiyos» y su forma de conseguir votos -en paralelo con la actualidad-, puntualizando que antes los llamaban «recolectores» (citó a «Un guapo del 900» de Samuel Eichelbaum) como ahora se habla de las listas «colectoras» que sirven para inflar candidatos en los resultados. Casi repetía aquel concepto de Sáenz Peña: «Este pueblo nunca ha votado». Se volvió como tema al aborto, la campaña puntillosa que en ese sentido realiza Aguer, hombre que alguna vez ofreció misa con guantes, al igual que el famoso matemático Blaquier en la Argentina del siglo XX daba clases tomando la tiza con esa prenda. Momentos inciertos se vivieron cuando un laico preguntó: «¿Cómo es esto de que el matrimonio oficial va a la Basílica de Luján, se lleva bien con ese obispo (depende de Roma, monseñor Di Monte) y hasta parece que él acompaña a la pareja en su intención de renovarse en el poder?». Nula respuesta del resto de los sacerdotes, salvo uno que señaló: No advirtieron que, después, monseñor Bergoglio organizó una procesión a esa basílica bajo el título «Por la verdad» que, en la Argentina, constituye un desafío.
* Si hubo algo gracioso fue el relato de alguien que había asistido a la comunión de 14 alumnas del exclusivo St. Catherine's School en la parroquia San Patricio. Allí, según dijo, uno de los padres (el de Jorgelina, Jorge Capitanich) se encargó de la representación oral con un discurso memorizado y más bien de barricada política, lo que pareció incomodar a Elizabeth Rasic (del Grupo Cresta Roja), a Gerardo Werthein (Telecom) y a Carlos Colombo, ex director de La Ley. Por lo inapropiado y extenso, el coro amagó varias veces el canto de «Luz de Cristo» para continuar la ceremonia: introdujo la política en un lugar donde se entregaba la comunión. Molestos los padres y casi sin espacio para quejarse, ya que Capitanich partió raudo con su guardaespaldas y el chofer Juan Carlos, quien tal vez habría merecido dar el discurso, ya que siempre es él quien va a la reunión de los padres.
* Multitudes en la embajada alemana, no sólo por comida y bebida gratis. Había que pagar con una invitación a ese encuentro, festejo doble, ya que no sólo se celebraba el día nacional, sino también el primer siglo y medio de relaciones bilaterales entre la Argentina y Alemania (se firmó el acuerdo en 1857). De ahí que el músico de jazz que amenizaba la espera y la cola para ingresar a la embajada de pronto fue reemplazado por la ejecución de los himnos de ambas naciones. Hecho patriótico con distintas respuestas, la más notable encarnada en Ricardo López Murphy: se cuadró, puso las manos en los costados del cuerpo, dio un taconazo y cantó tratando de parecer un barítono. Parece que el paso por el Ministerio de Defensa le provocó hábitos que el resto de los convencionales humanos no practica. Muchos empresarios, pocos políticos y casi nadie del gobierno (a menos que se considere representantes del gobierno a ciertas figuras uniformadas). Salvo, claro, Carlos Tomada, quien no imagina a su sucesor en Trabajo, pero desea que no sea el legislador Héctor Recalde, como pretende Hugo Moyano. Otro del gobierno, Roberto García Moritán, discurría ante Adalberto Rodríguez Giavarini sobre los dos países, las relaciones y profería que los primeros alemanes llegados al país se embarcaron con Fernando de Magallanes. Como diplomático que no es, un historiador precisaba por lo bajo: Me parece que está equivocado, ya que los primeros alemanes llegaron con Pedro de Mendoza y uno de ellos -Ulrico Shmidl- hasta garabateó unas crónicas de esos tiempos. Con los problemas que la Argentina mantiene con todos sus vecinos, más Irán, los Estados Unidos y Europa, nadie le puede exigir a García Moritán un apego extremo a los libros de historia.
* Algunos extranjeros, con percepción más amplia de la Argentina, no parecen entender ciertos fenómenos. Por ejemplo, uno decía: se clausuraron los aeropuertos, se impidieron los vuelos, porque desapareció una valija con 100 mil dólares (que, además, no se sabe si desapareció siquiera en este país). No entiendo: nadie hizo huelga, manifestación ni paro porque le encontraron una cifra mayor a la ministra de Economía en el baño, a un emisario de Hugo Chávez que -se supone le iba a pagar por izquierda a alguien. No era lo único que no entendía. También planteó: «El país se queda sin escuelas porque se le ocurre a un gremio impedir que los chicos estudien por el recuerdo del crimen de un maestro cuyo autor está detenido» (a propósito, fue como un grito general y antológico el insulto de Chiche Gelblung al ministro y candidato Daniel Filmus, quien justificó aún como funcionario la suspensión de clases forzada por la cúpula docente). ¿Y por qué no paran los colegios por el oficial Sayago que asesinaron en Santa Cruz y cuyos autores nadie sabe quiénes son y la investigación está detenida? ¿O por el atentado criminal de Varizat en Río Gallegos atacando con su camioneta a 23 personas? Hay algo extraño en este país que los extranjeros no comprenden y, en ocasiones, los locales tampoco.
A Rosendo Fraga lo asediaban por la apatía general frente a las elecciones. Su respuesta: crisis de partidos políticos, rutinización de la democracia (que un risueño calificó como borrachera en alusión a la marca del vino), poca competencia y baja incertidumbre. Para él, claro, nadie de los posibles segundos tendrá cercanía con la primera, allí estará el secreto del triunfo oficial. Casi en broma, los europeos bromeaban con los representantes de la Cancillería, orgullosos de firmar un acuerdo con Rusia antes que con ellos. Y, Rusia es muy importante, comentaban con sorna, seguramente más que toda Europa. También, para otra burla, repetían: Kirchner quedó bien con los Estados Unidos en su discurso contra Irán, pero han advertido que a pesar de ese esfuerzo el secretario de Comercio norteamericano vendrá cuatro días al Sur, dos al Brasil y dos al Uruguay. ¿No se puede hacer un minuto de tiempo para llegarse a Buenos Aires? ¡Qué lástima!





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