La estridencia y la excentricidad de los magnates chinos es tal que Mao sufriría si viviera para verlo. Sucede que la nueva clase pudiente del país oriental es cada vez más caprichosa. Pero vamos a los ejemplos:
Huang Qiaoling es uno de los hombres más ricos de China. Es propietario de un verdadero emporio de empresas turísticas. Resulta que Quiaoling es fanático de la Casa Blanca, así que se mandó a hacer una. Si como lee, el muchacho construyó una réplica exacta de la Casa de Gobierno norteamericana y la pagó US$ 10 millones, lo cuál en China es una fortuna.
No le falta ni un detalle, según dicen. Desde el famoso sofá barroco, que vale casi 60.000 dólares -unos 42.000 euros- hasta el sello presidencial en cada una de las alfombras. Sólo en la ‘copia’ del despacho oval, Qialoing ha tirado la casa por la ventana: sólo la silla de la mesa vale 8.000 dólares. Lo que si, a las autoridades chinas no les causó demasiada gracia que alguien les plante un símbolo de USA en su territorio.
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¿Es el único? No, señor. Tenemos otros émulos de los íconos de EE.UU. Li Qinfu, también entre los super-ricos de China, se decidió a construir una replica exacta del Capitolio estadounidense. Allí albergó la sede central de su empresa, la Shanghai Matsuoka Group. Los envidiosos dicen que el falso Capitolio es más chico que el original, pero no es seguro.
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Y hay más. Take Hao Yaning, un magnate de la publicidad , se ha construído una réplica exacta de la mansión de William Randolph Hearst, es decir, la famosa Xanadú de Ciudadano Kane, de acuerdo a la película del gran Orson Welles. La casa tiene 165 habitaciones, lagos y fuentes, una pista de bowling y una ‘casita’ para 50 perros de pura raza.
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Lo único que falta es que alguno se vaya a vivir a una réplica de la Estatua de la Libertad, y estamos todos.
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