Los momentos más sabrosos de las "Charlas de Quincho"
* Fiestas en Punta de Este y la interna para rearmar el PJ modelo K son los Quinchos de Ámbito Financiero para esta semana, que minutouno.com presenta en forma resumida.
Conclusión: fin de semana crepuscular en noticias, apagado, donde el tema dominante de las charlas fue la entrevista de Cristina de Kirchner con el embajador norteamericano, Tony Wayne (quien, como se sabe, responde a una actividad en la cual son hombres de transacción más que de transición, como diría Heberto Padilla). Algunos datos y muchas especulaciones sobre esa audiencia cuya autoría la atribuyen al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, funcionario tan popular hoy que hasta le endilgan por Internet una azarosa vida sentimental más codiciada que la del inmaduro presidente francés, Nicolas Sarkozy. Si el sino romántico del terapeuta de los Kirchner fuera cierto, también la comparación internacional, conviene rescatar que el argentino por lo menos no se casa, evita otras complicaciones.
* Había banqueros y empresarios recién llegados de Buenos Aires que precisaban: Wayne pidió estar a solas con Cristina («¿Perdón, les molesta -le dijo a Fernández y al canciller Jorge Taiana- si hablo privadamente con la Presidente?»), que el encuentro fue a su pedido (luego de un par de charlas secretas con el jefe de Gabinete), pero sin que trascendiera ese pedido públicamente.
En el conjunto, como se sabía, el diplomático -de tropezado castellano- confirmó que su gobierno aceptaría como embajador a Héctor Timerman (éste, a su vez, estaba particularmente ansioso: nadie lo llamaba de la Casa Rosada, temía que lo hubieran apartado), que pronto comprometería una visita de Tom Shannon y, luego, una devolución a Washington con el jefe Fernández y Taiana, tal vez con la misma mandataria. Bush, finalmente, es un amigo; los fiscales del caso Antonini Wilson no hablan más de la Argentina -ni del avión que trajo el dinero-, aunque nadie puede garantizar lo que ocurra durante el juicio. Ironía del final deslizada por el gestor Fernández frente a Wayne: «¿Vio que los fiscales de su país no eran tan independientes?». Debe saberlo, porque en todas partes, parece, son iguales.
* Esas eran precisiones; luego venían otros aportes. Algunos extravagantes, pero verosímiles para explicar el repentino cambio de actitud norteamericano con relación a las derivaciones del juicio por la valija. ¿Es cierto que la Argentina se comprometió a pagar al contado su deuda con el Club de París? Para Wayne, ese paso sería vital para el país, le permitiría avanzar en la búsqueda de inversiones. Lo sugiere como consejo. También podría estar contento si la Argentina opta por el sistema de TV digital de su país -el mismo que defiende el monopolio «Clarín»- y el que en principio estaba apartado por limitaciones frente al europeo o el japonés. Siempre vienen bien esos contratos; los embajadores suelen luego tener trabajo en el sector privado, como James Cheek, Terence Todman o Manuel Rocha. Finalmente, esa gestión beneficiosa para empresas del Norte no es contraria a la ley: está contemplada en la legislación de ese país.
Pero claro, ésas eran simples conjeturas, pues no todos los embajadores son iguales: al revés del mudo y timorato Wayne, el de EE.UU. en el Uruguay (Frank Baxter), por ejemplo, habla habitualmente por los diarios, ofrece consejos, hasta se excede en recomendaciones al gobierno socialdemócrata de Tabaré y nadie se excita («habría más inversiones si fueran más ágiles los procesos burocráticos en este país; ábranse al mundo y no solo a la región, cuídense de la recesión porque el hecho de que no llueva no es razón para no arreglar el techo», expresó en el semanario « Búsqueda» de esta semana). A Wayne, en contraposición, habrá que colgarle una frase como definición: «Borocotó, te perdonamos».
* En particular, aparte de comentario, merecía puntaje el fiestón de Chico Novarro con champagne Veuve Clicquot de entrada y salida; también para aquellos que partieron y luego volvieron arrepentidos por la malaria de la calle. Sushi de La Huella, servicio frío y caliente (cordero y pescados) de La Bourgogne, boda en la chacra de Rusconi -hombre con tantos matrimonios que ya ni los cuenta, como si fuera un condenado sin remedio-, alquilada a los efectos por una de sus últimas mujeres. Se casaba entonces Julieta, la hija del famoso cantante y autor en Punta del Este, en la parada 26 de la Brava, con prósperos consuegros dedicados al negocio del fútbol, invitados extranjeros en cantidad y conspicuos locales del espectáculo y del golf. Ceremonia religiosa judía incluida, con vista a un lago artificial del cual, cada tanto, brotaba gigantesco chorro como si fuera el lago Leman de Ginebra.
Cortesía de la casa: abanicos para el calor (nada sofocante) y pañuelitos para las más ancianas que podían lagrimear en la boda. También breve show del padrino (acompañado por Silvana di Lorenzo en «Arráncame la vida») estrenando dos temas, uno para su hija, otro para los novios y fuegos artificiales que parecen ya tan imprescindibles como la torta de casamiento.
* Como los derechos de autor son preocupación de Novarro -por lo poco que cobra, naturalmente, a pesar de su vasta y propalada obra musical-, más de uno preguntó por el controvertido hit de Internet que divulgó el encuestador Artemio López. Pieza de su propio coleto, de marcada tendencia oficialista, es, en suma, una revisión rockera de la marcha peronista, dirigida casi burdamente contra Elisa Carrió, sus denuncias y costumbres, la «stagflation» que plantea Alfonso Prat-Gay, y todo lo que representa ese sector político. Parece algo más que una humorada en tiempos -aunque sea una nimiedad- en que nadie explica la existencia y no reclamo de una valija con 800 mil dólares, sin destino presunto ni propietario reconocido
* El legendario Tate era codiciado por sus chistes judíos, también sobre las derrotas económicas que, en el pasado, padeció el cantante-padrino en los casinos del balneario (Nogaró, hotel San Rafael), donde dicen que hasta perdió una casa, hoy sede de la compañía PLUNA, tiempos en que estos lugares de juego les brindaban alguna alternativa mínima a los apostadores. Al revés de lo que hoy les sacan las maquinitas a los incautos: quienes son expertos aseguran que el porcentaje de ganancia es de 83%. De ahí que los decretos de Kirchner a favor de la extensión de las concesiones del juego sean dirigidos para amigos personales, «buenos padres de familia y mejores personas» como reza el texto, no vaya a ser que el negocio se traslade a otros empresarios más sospechados de lenidad que Cristóbal López.
* Algunas madres judías parecían identificarse con la moción de Cristina de Kirchner para que los futuros hijos de la Nación lleven, primero, el apellido de la madre y, luego, el del padre (si lo desean). Ninguna se preguntaba por cuestiones psicológicas de la propuesta, tampoco alimentaban el favor al género: más bien entienden la iniciativa parlamentaria como correspondiente a su propia tradición: son ellas las que determinan con su vientre la naturaleza religiosa del recién nacido, no el padre. Por lo tanto, para ellas corresponde lo del apellido como lo desea la mandataria argentina. Otras, sin distinción de religiones, hablaban sobre un problema común: las vacaciones compartidas con los hijos, hijas y nietos (¡es tan bueno cuando llegan como cuando se van!). Tal vez por problemas de edad, lo cierto es que casi todas las mujeres -al revés de lo que fue su espíritu inicial- decidieron modificar esos planes familiares. Por dificultad de convivencia con las nueras, mucho más con las propias hijas (hábitos de vida, cuestiones de horario, tratamiento de los nietos, del servicio doméstico), alteraron el sueño de «una casa grande para todos juntos». Es insoportable, parece, y unas han fijado rígidas fechas de vacaciones para sus respectivas familias, nunca todos juntos; otras, como la esposa de un conocido periodista, decidió construir una casa vecina y hasta una piscina aparte para vivir en paz; mientras, un banquero de nota, en su vasta chacra dejó la casa principal y se fue con la consorte a una vivienda más precaria y pequeña, pero sin el trajín de la cotidianeidad familiar. Por supuesto, determinaciones de un sector que puede incurrir en esos errores y, luego, repararlos.
* Los hombres amigos de Novarro se dedicaban a otro tema: el comentario sobre un campeonato de golf (la copa Rolex, con meritorios ganadores) que registró un episodio casi inédito, el caso de un jugador (el uruguayo Francisco Etcheverry) que embocó dos hoyos distintos en un solo golpe y con una misma pelotita (es de imaginar el fenómeno: embocarla dos veces en agujeros distintos de 108 milímetros de diámetro desde una distancia de 150 a 180 metros). Hasta ahora, se conocían dos antecedentes en la historia del golf y, aunque en algunos torneos se premia -por lo infrecuente- con millonadas o automóviles un acierto de estas características, en este caso que hubo dos apenas si le hicieron al autor de la proeza un diploma provisorio. Señal, claro, del subdesarrollo por más que auspicie una empresa multinacional. De los cumpleaños se guardaron anécdotas, como la de Javier Tizado: «Un día», relató, «me llaman con urgencia de la Cancillería a una entrevista con el ministro Guido Di Tella. Yo no lo conocía y asistí con alguna reticencia. Cuando llegué, el ministro me dijo: 'Mire, Tizado, quiero hablar sobre esa quinta que tengo para vender'. A lo que le respondí: 'Eso tendrá que hablarlo con mi primo, que se dedica a las cuestiones inmobiliarias, no a mí que soy gerente de Techint'». O chistes, como el de aquel viajero que sorprendió a un hombre abrazado a un árbol, quien lo invitó a hacer lo mismo para escuchar los mensajes que provenían del tronco. Cuando le hizo caso, el otro lo desvalijó y lo dejó atado y abrazado al árbol. Luego llegó otro viajero, quien le escuchó sus calamitosas cuitas y, en lugar de desatarlo, le susurró al oído: «Hoy, negrito, no es tu día de suerte».
* Amables tertulias y comentarios sobre el caso de los autos diplomáticos, la complicación de embajadas como las de Cuba (salvaje capitalismo) o España (¡tú te callas!), también la de Venezuela (¡ay, mi general bolivariano!) y la sensación de que alguien impulsó desde fuera del gobierno esta exposición mediática (más allá de que el propio gobierno haya utilizado esa exposición para proteger otros problemas) debido a que, se afirma, el cuñado de Taiana es responsable de estos trámites burocráticos. Ni vale desmentirlo porque son varios los parientes de Taiana que trabajan en la Cancillería. Como la borocotización de Wayne es parte del humor popular, en la semana -según mencionaban- hubo otro que se ganó un lugar y también debió decir: «Borocotó, te perdonamos». Claro, es el ex ministro Roberto Lavagna, quien venía en negociaciones con el kirchnerismo hace tiempo -este diario anticipó hace dos meses que el oficialismo lo imagina para competir contra Mauricio Macri en la Capital-, más allá de las gestiones de José Pampuro y la vuelta a las mieles del poder de Eduardo Camaño, ahora necesitado por Kirchner para el partido, quien todavía no sabe por qué un día decidieron excluirlo del sistema santacruceño. Como tampoco sabrá, otro día, por qué lo volverán a excluir.
Lo cierto es que Lavagna, de jefe de la oposición, denunciador de Julio De Vido, socio de Raúl Alfonsín -un día, casi en copas, éste lo comparó a Ricardo Lagos-, termina en Olivos, a los abrazos (ni siquiera en los buenos tiempos) y sirviendo a la agencia oficial «Clarín» (ya reemplazó a «Télam»), que tuvo el descaro de engañar a sus propios lectores ocultando la información durante un día completo. Más que una noticia exclusiva, lo del monopolio fue una «operación» exclusiva. Gente de tragar sapos, Lavagna y Kirchner, en simultáneo, uno con más placer que otro.
* Había quienes se reían en las fiestas de Diego Guelar, quien de tanto usar bastón para figurar elegante, finalmente ahora tendrá que hacerlo por necesidad: tuvo un quiebre del tobillo, yeso mediante, por cometer excesos en el juego con un nieto de 3 años. Una baja del verano. Aunque propiamente de bajas se habló por el conflicto entre la Armada, su comandante Jorge Godoy y la ministra Nilda Garré, pleito congelado por el momento, ya que a Cristina de Kirchner no la quieren abrumar con problemas. Se sabe que la Garré le reprocha y castiga a Godoy por ser permisivo con camaradas imputados por violación a los derechos humanos (tener asesores acusados, haber tolerado unas vacaciones del prefecto que murió antes de completar el juicio), mientras éste -hombre de dos mundos- a su vez recibe críticas por no haber hecho siquiera un gesto por el traslado de sus compañeros (con los que compartió acción y pensamiento) de una prisión militar a la cárcel común de Marcos Paz.
Para Godoy, dicen, éstos ya no son presos, sino bajas de la Armada, cuyas esposas son desnudadas cuando visitan el presidio, les agujerean las tortas o la comida, las anotan en un libro del ministerio y hasta fotografían junto a otros visitantes de sus maridos. De modo que alguien pueda justificar, por gráfico de contactos -como si fueran los militares de antaño en tareas de inteligencia- que algún tipo de conspiración se gesta en esos presidios con ex uniformados que bordean o superan los 70 años. Esas «bajas» le cuelgan falta de solidaridad a Godoy (ni hablar de lo que afirman de Bendini), pero estos casos siempre existieron. Cuentan que un militar un día visitó a María Estela Martínez de Perón y, en la charla, ella contestó un llamado telefónico afirmando «aquí estoy acompañada por fulano de tal». Y el fulano de tal le recriminó: «Por favor, señora, no dé mi nombre, los teléfonos están pinchados».
* «Se fue el Pilo (Bordón), pero nos queda Roberto (Lavagna).» Así, entre apostillas risueñas, peronistas de todo pelaje -en general fino o, más precisamente, caro- celebraron la despedida de la estación veraniega en Pinamar, con suculento asado. Convocatoria de los dueños de casa, el matrimonio Muller-Rodríguez (antes, el albergue de Eduardo Duhalde y la propia Chiche, ya que «nadie hace mejores pizzas que Mabel»), a vecinos de menguado oficialismo (Alberto Balestrini) o de rabioso oficialismo (José María Díaz Bancalari), algún disconforme como Daniel Basile (enrolado con los Rodríguez Saá), excluidos como Carlos Ruckauf o sciolistas de la primera hora como Javier Mouriño, hoy a cargo de la caja más importante de la provincia (IOMA) aunque la gente hable del juego o de la inseguridad (por señalar dos áreas con problemas internos en la gestión bonaerense).
También estaban Rosa Tulio, Silvino Cifuentes, Tati Meckievi, Raúl Pérez y Osvaldo Mércuri, quien, para el carnaval, se supone, ya se empapeló de kirchnerista (ya que su costumbre es cambiar de disfraz político). Del vecino Eduardo Duhalde, a quien Kirchner ya vetó para cualquier emprendimiento partidario, y al que todos sirvieron con esmero, ni una consideración. Menos, ni una palabra. En términos militares, hoy «el Cabezón es una baja». Apenas si sabían que había viajado a Buenos Aires para el entierro de un amigo y que Alberto Pierri lo convenció de que no participara en ninguna interna contra Kirchner. El mensaje, clarito: «Te va a matar».
* Divertidos con su propia suerte, algunos advierten que lo de Lavagna y Kirchner quizá sirva en el futuro para la intendencia de Capital Federal, eventualmente para suceder a Martín Lousteau si no da pie con bola o para ampliar la base del peronismo. También, más a hurtadillas, reconocen -como se advirtió en esta sección hace 15 días- que la gestión de Pampuro en rigor guarda otro secreto: cerrar el caso Greco, ese aporte generoso del gobierno en 200 millones de dólares, del cual Kirchner le endosó responsabilidad a Lavagna y éste, a su vez, al propio ex presidente. Hay otro dato: el ex ministro, al no asociarse con ningún frente opositor en las últimas elecciones, permitió que Cristina de Kirchner ganara sin segunda vuelta.
Esa muchachada acomodada que se despedía de Pinamar, sin embargo, desde su oficialismo se preguntaba: ¿De dónde salió Francisco de Narváez? Quienes lo contaban entre los futuros afiliados al cristinismo (votó el Presupuesto), casi un desaparecido, se sorprenden ahora de que emprenda un salto mortal para combatir al marido de la mandataria en la interna del PJ. Kirchner no quería a nadie en su contra, sueña con el consenso que lo eleve naturalmente, y esta aparición con vida de De Narváez lo complica. Primero, porque en la provincia de Buenos Aires hay demasiados heridos justicialistas y otros que imaginan que la única fuente de ingresos políticos no puede ser el kirchnerismo. Además, la minoría es un buen negocio inicialmente. También atrae la billetera del «Colorado», aunque nunca se destacó por lo magnánimo, más por su ya aceptada pasión por el general (llegó al extremo de comprarse el uniforme de Perón).
Habla y hace con ese pasado, no se avergüenza, dejó para la observación común de ser un objeto exótico. Cuestión que jamás haría Kirchner, ya que de Perón poco y nada quiere saber, aunque en esa fuente tenga que beber para juntar los votos (como lo demostró la última elección).
* Como ninguno puede salir de la provincia, también hablan de los personajes del lugar. Por ejemplo, uno comentaba que no sólo Duhalde fue bañero (así la conoció a Chiche, mostrando pectorales en la piscina), también a la misma función dedicó esfuerzos Aníbal Ibarra, con el pito colgando (del cuello), bronceado. «Sí», confirmó uno, «salvó vidas (de humor negro: le va mejor en ese sentido con el agua que con el fuego)». Después, pasaron a Felipe Solá, quien -comentaban- en el Congreso logró obtener un despacho en el Palacio más importante que el de otros legisladores (algunos que también fueron gobernadores como él). Capacidad personal para obtener esos privilegios o incapacidad de otros para contenerlo, ya que también preguntó si había helipuerto en los techos del Congreso. Lo miraron atónitos y él replicó: es que hace 8 años que sólo me muevo con ese recurso aéreo, ya me acostumbré.
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