El año próximo será más desahogado

Economía

Abraham Gak, profesor honorario de la UBA y referente del Plan Fénix, se muestra optimista ante las perspectivas económicas para 2013 pero puntualiza algunas cuestiones que aun están pendientes de resolución.

Hay una coincidencia general acerca de que el 2013 será más desahogado que el presente año, que fue crítico. El crecimiento económico (o del Producto Bruto Interno) superaría el 4,5 por ciento, que es retomar un camino ascendente. Sin embargo, pensar en el 9% todavía está fuera de lugar porque tenemos un problema de inversión y porque debemos reacomodar  mercados considerando que algunos países están en crisis económica o sufren sus consecuencias, tal es el caso de Estados Unidos o China.

Argentina tiene una enorme ventaja que es el Mercosur y la Unasur, que nos permite contar con un mercado interno realmente ampliado. Brasil, en este sentido, está recuperándose y con México se ha resuelto el conflicto que teníamos con respecto a la producción de bienes durables y no durables, de modo que tengo la convicción que será un año mejor.

Esto, sin embargo, no nos tiene que tranquilizar frente a las cosas que aún tenemos que resolver. Por ejemplo, existe una población de trabajadores no registrados en torno de la cual se debe hacer un trabajo muy grande para que pase a la formalidad. A mí me sorprende que los gremios no estén haciendo nada por este grupo. Parecería que la tarea de que pasen a estar registrados fuera sólo del gobierno. Y éste no está teniendo éxito porque la inspección de Trabajo es de jurisdicción provincial. Creo que hay que rescatar con fuerza esta estrategia actual que pone como prioridad el empleo, a diferencia de otros países que se enfocan en el control de los precios o de la inflación.

La Argentina ha decidido como prioridad principal sostener el empleo, y las paritarias. Sobre este último punto, es esperable que en 2013 las negociaciones salariales se desarrollen en torno al 25%, aunque el gobierno intentará que el piso se fije más abajo. Sin embargo, sólo podría ser menor si el aporte del Estado en la provisión de bienes públicos (como educación, seguridad y salud) fuera muchísimo mayor, porque esto propiciaría una mejora indirecta del salario. Ésta debería ser una meta fundamental del gobierno.

Dólar. El gobierno en una acción, que al principio pareció algo desprolija, terminó rendondeando un sistema de control de cambio severo que es imprescindible en este momento. Sino no tendríamos los 10 o 12 mil millones de superávit que nos tranquiliza mucho frente a los mercados y para atender las deudas.

Inflación. El gobierno debería actuar para morigerar los efectos, debería manifestar un proyecto que plantee una disminución de la inflación para los próximos cuatro años, no a eliminarla, porque el objetivo del gobierno no puede ser solamente el control de la inflación. Para crecer lo que crecimos es necesario que este proceso esté acompañado por una suba en el costo de vida, aunque el porcentaje actual es exagerado porque hay un control claro de sectores de la economía, que son los hacedores de precios y con los que habrá que negociar.

Reforma tributaria. La reforma tributaria tendrá que ser un motivo de discusión en 2013, igual que la ley de entidades financieras. Pero esa reforma, de ningún modo, abarca sólo la modificación del piso mínimo del impuesto a las Ganancias. La protesta por esta modificación es reaccionaria, apunta a mejorar la situación de los que más ganan. De hecho, el salario promedio en Argentina ronda los 5.000 pesos, y esos trabajadores no pagan ganancias, entonces, dejemos de lado el tema del piso porque me parece un discurso de mala fe o de ignorantes. La verdadera reforma debe ser cambiar la estructura progresiva del impuesto a las Ganancias, para que se convierta en el principal ingreso fiscal de la Argentina. Y para que dejen de serlo los impuestos al consumo.

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