El desafío es sostener la expansión de la actividad

Economía

Julio Gambina, doctor en Ciencias Sociales de la UBA y presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, (FISYP) analiza los factores externos e internos que incidirán en la economía en 2013.

La economía en Argentina estará condicionada por la evolución de la crisis mundial del capitalismo, especialmente por la de los principales socios comerciales: China y Brasil.

El gigante asiático es gran comprador de soja y en los últimos tiempos discontinuó compras masivas y privilegió el uso de su stock para inducir reducción de precios. Es una incógnita el impacto que pueda generar respecto del ingreso de divisas y el estimulo a la producción.

Por su parte, el Brasil crece muy lentamente, y una evolución más favorable estimulará la producción industrial de nuestro país, especialmente de automotores, el sector más dinámico del ensamblado local.

Además, en el vínculo con el exterior pesará el déficit energético, lo que insumirá cuantiosas divisas para la importación. Seguirá siendo una incógnita el ingreso de inversores asociados a YPF, del mismo modo que el financiamiento externo adecuado para los planes de producción de la petrolera de gestión estatal.

El sector externo continuará ocupando la agenda por las negociaciones asociadas al endeudamiento, siendo previsible una mayor carga financiera la potencial reapertura del canje y las negociaciones con el Club de París. El FMI intentará condicionar la política económica local, vía monitoreo de las cuentas públicas o por lo menos observando la metodología del organismo oficial de estadísticas.

En una mirada más local, el acento estará en la capacidad de sostener la expansión del nivel de actividad y el empleo, luego de un año de escaso crecimiento y de pérdidas, por primera vez en la década, de puestos de trabajo.

Para ello se promoverán políticas activas del Estado Nacional en el sector productivo y financiero, intentando inducir que los bancos canalicen sus depósitos en créditos a la producción, especialmente de pymes.

Un problema puede presentarse desde el consumo, por el impacto de la inflación en los sectores de menores ingresos y el intento renovado de amenguar la demanda de actualización de ingresos, sea por salarios o por subsidios. El conflicto social agudizado resulta esperable en ese escenario.

El angostamiento de la disponibilidad de recursos fiscales puede limitar el gasto y la inversión pública, dificultando la necesaria ecuación inversora en el PBI ante la falencia inversionista del sector privado.

En síntesis, los problemas externos e internos sumados en un año electoral, incidirán en la disputa social por el ingreso y la riqueza.

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