El economista, jefe de Investigaciones de IDESA, Jorge Colina, anticipa las claves que marcarán el rumbo económico y social en 2013.
La principal incógnita para el año 2013 es el nivel de actividad económica. El año 2012 ha sido malo, y no va a cerrar mucho mejor, ya que la economía no creció en el 2° trimestre y creció apenas un 0,7% en el 3° trimestre. Las esperanzas de recuperación están puestas en Brasil –que estuvo estancado en 2012– y en el complejo sojero por la vía de una buena cosecha y los elevados precios internacionales.
Es posible que estos dos factores externos se hagan presentes en el 2013, pero la pregunta remanente es si la Argentina tomará las políticas apropiadas para aprovecharlos.
La elevada inflación más las restricciones a las exportaciones e importaciones, las regulaciones distorsivas sobre liquidación de divisas y remisión de utilidades, el "cepo" cambiario, son medidas que impiden aprovechar las oportunidades que brinda el favorable contexto internacional.
La inflación desmotiva la inversión y las restricciones cambiarias y al comercio exterior disminuyen las exportaciones. Los propios datos del INDEC dan cuenta de este fenómeno. El estancamiento de la economía observado en el año 2012 no fue producto de que cayó el consumo doméstico (de hecho, el consumo privado creció un 3% y el consumo público un 6%) sino consecuencia de que cayó la inversión un 9% y las exportaciones un 8%.
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En suma, si la economía argentina va a crecer el año que viene depende de las políticas internas que se tomen en materia de inflación y comercio exterior.
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Por el lado laboral, si el crecimiento de la actividad económica es nulo o muy modesto lo que se va a observar es que aumentará el empleo, pero el empleo informal y precario –como el cuentapropismo y el empleo "en negro"–, y crecerá menos el empleo asalariado formal, que es el empleo de mejor calidad.
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No necesariamente se observará un aumento importante de la tasa de desempleo; actualmente está en el 7% de la población económicamente activa y en un escenario de bajo crecimiento posiblemente se coloque en alrededor del 8%. La explicación es que cuando hay menos creación de empleos muchas personas, que son segundas generadoras de ingresos en los hogares –cónyuges, jóvenes mayores de 18–, tienden a retirarse del mercado laboral, entonces el problema de la falta de empleo no se revela a través de la tasa de desempleo sino de la baja tasa de participación laboral (fenómeno que ya se observa en varias ciudades).
En lo social, las condiciones de vida de la gente de menores recursos dependerá con más intensidad del gasto público de corte asistencialista. Lo que se ha visto en los últimos días de 2012, con los saqueos, es que la disminución real de estos recursos estatales sembró el clima propicio para que las redes clientelares y grupos organizados promuevan los desmanes y los actos violentos.
El esquema de contener a estos grupos organizados con gasto público asistencial se va acotando, por eso es fundamental desandar el camino de la dependencia asistencialista y comenzar a recuperar valores favorables al trabajo, al esfuerzo y al respeto por las reglas.
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