Techint, Clarín, Massa, Macri y la derrota del Estado
En un encuentro organizado por el denominado Foro de Convergencia Empresaria, del que participaron directivos de las principales compañías del país, dirigentes de cámaras que representan intereses sectoriales y referentes de la oposición política y mediática, expresaron opiniones que constituyen una muestra cabal de cuál es su verdadera visión respecto del mercado, su relación con el Estado, la democracia y el desarrollo económico.
En primer lugar, esto demuestra la vocación mercado dominante de Techint, que sólo concibe como solución imponerse sobre el resto, en este caso sobre el Estado que somos todos los argentinos y está muy alejado del marco de diálogo y consenso que debe pregonarse desde cualquier ámbito democrático y republicano, en lugar de añejas consignas de victorias y derrotas. En realidad, quieren derrotar a la política para después ir por el Estado.
Plantear el mercado desde una visión sectorial como lo plantea Techint o como una plaza financiera son concepciones sesgadas o intencionadas que llevan a la desinclusión.
El mercado son los 2.780.400 kilómetros cuadrados de superficie que tiene Argentina. El éxito como país es lograr que el Estado articule todos los sectores para que avancen y crezcan armónicamente y los 40 millones de argentinos puedan mejorar su calidad de vida. Se ha avanzado formidablemente en este sentido desde el año 2003.
En estos diez años el sector metalúrgico tuvo un desarrollo record. Esta es la notable herencia que deja este modelo económico para el sector. La actividad aumentó su producción global más del 150 por ciento, la ocupación se incrementó 97 por ciento (con notable productividad y capacitación de la fuerza trabajadora), se triplicaron las exportaciones y la cantidad de empresas del sector se incrementó 52 por ciento respecto del año 2003.
Quienes aplaudieron la desafortunada frase seguramente estarán impulsando el regreso al pleno auge del neoliberalismo que desguazó el Estado en los noventa, reduciéndolo a la mínima expresión, destruyendo a la industria, permitiendo que grandes empresas como Techint abandonen las actividades productivas para convertirse en meros agentes de la importación indiscriminada y la especulación financiera.
En esa década, sí que el mercado le ganó al Estado y todos vimos las consecuencias de miseria, pobreza, desempleo, mortalidad infantil en cada rincón del país. ¿Cuáles serían los resultados para Techint, y no es difícil imaginar el destino de sus trabajadores, si el Estado le quitara todas las prerrogativas, subsidios y beneficios antidumping que detentan? ¿A quién le vendería la compañía con domicilio en Luxemburgo sus caños sin costura si el Estado no avanzara con el Gasoducto del Noreste? ¿Tendrán previstos otros negocios que representan mayores utilidades?
En ningún lugar del mundo, incluso en los Estados Unidos, donde el ideario neoliberal ha tenido mayor protagonismo, un dirigente del sector industrial pronunciaría una frase de semejante tenor porque atenta contra sus propios intereses, la república y la democracia. Resulta llamativo y contradictorio que los mismos que proclaman la falta de valores republicanos por parte del gobierno nacional promuevan la desarticulación del Estado, que es una de sus bases fundamentales.
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