Hubo un tiempo en que las zapatillas importadas eran directamente inaccesibles para la clase media: Estamos hablando de los años 70, cuando los chicos tenían tres opciones: Por un lado, las marcas “caras” como Adidas y Topper. Por otro, las zapatillas muy económicas, sin marca. Y estaba también un sector intermedio, en el que se destacaban unas cuantas marcas accesibles “a la gran masa del pueblo”. Se trataba, entre otras, de las marcas Flecha, Fulvence y Atomik
Las tres marcas son parte del revival sustitutivo de importaciones que protagoniza el país desde la devaluación. Tanto es así que la última, Atomik, tiene una producción anual de 4 mil pares diarios y facturó en 2007 unos $11 millones, lo que supuso un crecimiento del 90% respecto de los facturado en 2006, primer año del relanzamiento.
Por supuesto que el diseño de las zapatillas está renovado. Sin embargo, es fácilmente perceptible cierta nostalgia "seventies" con la cual la marca busca diferenciarse de su competencia. De hecho, el slogan de su web es "Porque ya había muchos con la misma zapatilla".
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Atomik fue rescatada del olvido por Martin Gándara, un empresario que se la compró al fondo de inversión Grupo Panam SA. Según informa hoy el diario Buenos Aires Económico, la firma está en plan de expansión internacional, y tiene más de 850 puntos de venta en todo el país.
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“En 2008 queremos empezar con las exportaciones” dijo al matutino el director comercial de Atomik, Antonio Torrecilla, “Aunque seguimos creciendo en el mercado doméstico, queremos vender en América Latina” La PyME nacional planea invertir este año unos $550.000. “
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