Alejandra Romero reveló las señales que recibía de Rodrigo: "Le tuve que pedir que parara"

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A más de una década de la muerte de "El Potro", la última novia del cantante habló de las charlas paranormales que tuvo con él. Los detalles.

A más de dos décadas de la trágica partida que conmocionó al país, el recuerdo de Rodrigo Bueno sigue generando una enorme repercusión en la escena mediática. En esta oportunidad, quien rompió el silencio fue Alejandra Romero, la última pareja sentimental del ídolo cordobés. Durante una íntima entrevista concedida al ciclo televisivo "La mañana con Moria", la mujer desmenuzó con crudeza y emoción los pormenores de un duelo que la acompaña de manera ininterrumpida y reveló una serie de impactantes sucesos paranormales que la obligaron a poner un freno de contenido místico.

La cantante se abrió por completo ante las cámaras para describir la particular dinámica que mantiene con la memoria del cuartetero en su rutina diaria, definiendo el lazo de una manera sumamente profunda: “Rodrigo es una ausencia presente en mi vida”. Acto seguido, sorprendió a todos los presentes al aportar detalles de los fenómenos que experimentó tiempo después del fatal accidente: “A los pocos años eran tantas las señales que recibía, pero tantas, que le tuve que pedir por favor que parara”.

Para contextualizar la forma en que procesó semejante pérdida, Romero hizo hincapié en sus arraigadas creencias personales y en la temprana edad que tenía cuando la tragedia automovilística del 24 de junio del año 2000 le arrebató a su compañero. “Siempre me aferré al mundo espiritual, sobre todo porque era muy chica”, puntualizó respecto a ese quiebre bisagra en su historia afectiva.

Sin embargo, la intensidad de las vivencias del más allá terminó desbordando su capacidad de asombro, llevándola a un punto de extrema vulnerabilidad emocional. “Se me activaban solos los relojes de láser que tenía, sentía su presencia todo el tiempo. Una noche recuerdo que estaba muy mal, acostada en un sillón llorando, cuando involuntariamente mi brazo se levantó y me puso arriba, como consolándome… era para volverse loca. Ese fue mi límite y le pedí que por favor parara”, reconoció Alejandra sin tapujos, rememorando el instante exacto en que decidió pedirle un respiro espiritual a la energía del músico.

Le tuve que pedir que parara Alejandra Romero reveló las impacta

Más allá de los sucesos posteriores a la desaparición física del Potro, la entrevistada echó luz sobre una faceta del artista que sembraba una constante inquietud en el seno de la pareja. Según sus palabras, Rodrigo convivía con una fijación muy marcada respecto al desenlace de su propia existencia terrenal, una conducta que no respondía a un arrebato de su etapa de mayor popularidad: “Esto no arrancó cuando se hizo famoso, él siempre fue así, siempre hablaba del tema”, sostuvo con firmeza.

Esta recurrencia discursiva generaba un lógico sufrimiento en Alejandra, quien no podía evitar el dolor ante los recurrentes pedidos de tinte fúnebre que el vocalista le manifestaba en la intimidad. “A mí me asustaba lo mucho que se refería a su propia muerte. Me angustiaba. Me decía ‘cuando me muera, vos poneme la camiseta de Belgrano’. No me gustaba nada”, admitió con nostalgia sobre aquellas directivas que, con el tiempo, cobraron un sentido premonitorio.

Por otra parte, al ser consultada sobre el tremendo imán que el creador de grandes éxitos musicales ejercía sobre el público femenino y las pasiones que despertaba a nivel masivo, Romero desmitificó cualquier tipo de rispidez o conflicto amoroso, asegurando que los celos jamás formaron parte de la relación. “A él había que conocerlo. Siempre me dio mi lugar y me hizo sentir bien y segura del amor que nos teníamos. Yo nunca tuve celos de él”, confió con total serenidad.

Para cerrar la entrevista con una cuota de distensión, la última novia del ídolo recordó con gracia el rol de intermediaria que asumía frente al fervor de las seguidoras más fanatizadas del cantante. “Las fans me llamaban a mí y me pedían si Rodrigo podía darles un beso y yo las ayudaba. Tengo una amiga que hasta el día de hoy me agradece porque la ayudé a que Ro le diera un beso”, concluyó rememorando entre risas aquella divertida anécdota de camarines.

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