Carlos Rottemberg contó el significativo gesto que tuvo Luis Brandoni antes de morir: "Su último regalo"

Espectáculos

El productor teatral, cercano al actor que falleció este lunes, compartió un sentido mensaje a través de sus redes sociales.

Luis Brandoni murió este lunes a los 86 años, tras permanecer bajo control médico constante en el Sanatorio Güemes. Aunque en un inicio se había informado una leve mejoría, su estado se agravó con el correr de los días.

El actor se encontraba internado desde el 11 de abril a raíz de un hematoma subdural provocado por una caída en su domicilio. Desde entonces, permanecía en observación para seguir de cerca su evolución luego del fuerte golpe en la cabeza.

En ese contexto, su amigo Carlos Rottemberg publicó en las últimas horas una emotiva carta abierta para despedirlo, donde además dio a conocer el gesto especial que Brandoni tuvo con él antes de morir.

Luis Brandoni y Carlos Rotemberg

La carta abierta de Carlos Rottemberg tras la muerte de Luis Brandoni

En esta madrugada del lunes 20 de abril de 2026, la muerte de Luis Brandoni me impacta. Hace cuarenta y ocho años nos hicimos amigos a partir del estreno de un espectáculo teatral y desde entonces compartimos un camino que nunca se interrumpió, incluidos estos últimos días en los que pude visitarlo en el sanatorio.

Tomé conciencia de su gravedad hace unas noches, cuando ya no me reconoció más. No era para contarlo en esos días. Por él y por su familia.

Con Beto se va el último primer actor argentino de una generación inolvidable, y un símbolo del teatro nacional extraordinario: defendió al autor nacional siempre, actuándolo cada vez que pudo.

En estas horas se suceden infinidad de muestras de cariño y admiración. Es lógico, porque participó de recordados personajes en todas las disciplinas artísticas que lo tuvieron de intérprete.

En lo personal, me sonrío recordando sus manías, por las cuales chisporroteamos tantas veces: vestirse completo para desayunar, aún estando solo en su casa porque no se permitía hacerlo en pijama, leer el diario solamente en papel y enojarse mucho con las redes sociales, ponerse chinchudo con facilidad. Cuántas de esas pinceladas hoy me ablandan su despedida.

Compartimos también momentos difíciles por su participación gremial: desde aquel volante intimidatorio en Pinamar del 79 hasta sacar al público de los teatros en plena dictadura, cuando aparecían las amenazas de bombas durante las funciones. Todo eso también nos unió para siempre.

Hace apenas tres semanas hizo algo que hoy le doy el valor de una despedida: se tomó un descanso inusual, al no trabajar una semana, para viajar con su pareja a Punta Cana. Raro en Beto el priorizar un viaje por sobre sus funciones teatrales. Volvió contento, con más ganas de subirse al escenario. Lo uno a este desenlace, previsible pero prematuro.

Guardo para el final un gesto que me va a acompañar siempre: al enterarse de que estaba escribiendo un libro sobre mis cincuenta años en el teatro, me ofreció escribir el prólogo. Me lo leyó por teléfono emocionado y me lo envió el viernes 3 de abril, apenas hace días. Ese texto, hoy toma un valor superlativo en mí. Fue su último regalo.

Abrazo con toda mi fuerza a su familia, con la convicción de que hay amistades que son para siempre. ¡Se te extrañará, Beto querido!

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