La uruguaya disfruta de su presente con una nueva pareja, pero siguen latentes los recuerdos de su relación anterior.
El presente sentimental de la uruguaya Mónica Farro pareciera estar floreciente, pero la rubia todavía no pudo dejar atrás los malos recuerdos que le quedaron de su atribulada relación con uno de los productores de Ideas del Sur, Jorge "el Negrito" Luengo.
"En el último tiempo, que había bajado siete kilos, que vivía llorando y era un alma sin vida, yo me quedaba quieta y que pasara lo que pasara", contó en "Desayuno Americano" Farro, quien presentó hace menos de un mes a su nuevo novio, un empresario gastronómico de Córdoba llamado Alejandro.
La uruguaya reveló que la violenta relación de cuatro años que tuvo con Luengo la llevó al borde del suicidio dos veces y denunció en los medios que el productor de Ideas del Sur la golpeó brutalmente durante sus múltiples discusiones.
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"Nunca me pegó con el puño cerrado, pero hay otras formas: te pueden dar la cabeza contra la pared, me mordía, me pegaba cabezazos...", contó la vedette. "Yo siempre tenía las manos mordidas, la cara mordida, un ojo negro, la boca rota. La gente que trabajó conmigo sabe lo que yo tuve siempre en mi cuerpo", recordó la rubia.
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"La policía fue cinco veces a mi casa, antes de mudarme con él, los vecinos golpeaban la puerta, era una locura de los dos. Yo me quise suicidar dos veces el año pasado cuando surgió esto de las minitas que habían estado con él", recordó la rubia.
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"Me pasaron cosas muy grosas, comía y vomitaba. No tuve el valor pero sí tuve el cuchillo en la mano. Me rompió un diente y me fisuró un dedo", denunció Farro. "Me da pena que mi hijo escuche esto... aunque mi hijo me vio con la cabeza sangrando en Mar del Plata. Mi hijo lo odia", afirmó.
Farro explicó qué le impedía denunciar a Luengo en una comisaría de la mujer. "Tuve miedo. Yo era extranjera, me guardé todo, no le dije a mi familia, me podía quedar sin trabajo y sin casa", expresó la rubia, ya que el productor de Ideas del Sur le había hecho creer que sería echada si hablaba.
"Él siempre se pegaba la cabeza contra la pared. Tenía siempre los nudillos hinchados de golpear la pared", señaló la uruguaya.
"Entrás dentro de una enfermedad que te lleva a ciertas cosas. Yo estuve 17 años casada y nunca hubo físicas, sí verbales. Y acá tenía muchas discusiones verbales y como yo soy una persona que te puede discutir, se ve a él le daba impotencia que me pegaba un cabezaso, o me pegaba contra la pared, o me ahorcaba y yo, la verdad, me defendía", convino.
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