Hace diez años fallecía la recordada Tita Merello
La emblemática actriz argentino murió, a los 98 años, el 24 de diciembre de 2002. El espectáculo nacional todavía la extraña.
Ya consagrada en la calle Corrientes, grabó su primer tango en 1929 y luego otros en los que cantó acompañada por la orquesta de Francisco Canaro. Fue autora de la letra de "Llamarada pasional", con música de Héctor Stamponi, y de "Decime Dios, dónde estás", musicalizada por Manuel Sucher.
Participó en el que por mucho tiempo se consideró el primer largometraje sonoro del cine argentino, "Tango", de Luis José Moglia Barth, en 1933, justamente en el que debutaba un joven llamado Luis Sandrini, el hombre que iba a ser el amor de su vida.
Tita había sido, por oportunidades y decisión propia, una mujer de muchos amores, pero la llegada de Sandrini a su vida marcó un antes y un después: la pareja apareció en cuanta revista de chismes había durante casi 20 años y hasta que la actriz Malvina Pastorino irrumpió ante el cómico.
Actuó luego en "La fuga", "La historia del tango", "Morir en su ley", "Filomena Marturano", y "Arrabalera", en la que sobre una obra de Samuel Eichelbaum inmortalizó su frase cantada "Soy Felisa Roverano, tanto gusto, no hay de qué". Entre otros títulos rodó "Los isleros", "Guacho" y "Mercado de Abasto", todas de Lucas Demare, "Para vestir santos", de Leopoldo Torre Nilsson, "La morocha" y "Amorina", ambas de Hugo del Carril, y "Los hipócritas", una de sus tantas colaboraciones con Enrique Carreras.
Caída en desgracia por su adhesión al Peronismo a partir del golpe de Estado de 1955, entró en una profunda depresión y se dice que pensó en el suicidio, pero la intervención de su amigo Hugo del Carril sirvió para que poco a poco resurgiera de sus cenizas.
Ya mayor, era una severa consejera televisiva que urgía a las jóvenes para que se hicieran un papanicolau y periódicas revisiones de senos para la detección temprana de un posible cáncer, algo que sólo ella podía hacer en la timorata TV de entonces.
Casi centenaria, la llamada "Tita del Pueblo" o "Tita de Buenos Aires", se había refugiado en una habitación de la Fundación Favaloro, donde su titular era su protector y guía, pero la muerte del profesional fue un golpe demasiado fuerte para ella.
Los médicos se habían alegrado de que Tita llegase a los 98 "sin enfermedades, más allá de las típicas dolencias de la edad", pero el tiempo pasa para todos y aquella mujer, que a muchos les sonaba eterna, no tuvo más remedio que emprender el último viaje.
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