Lo nuevo de HBO Max: "DTF. ST Louis" es un viaje sin retorno
Jason Bateman, David Harbour y Linda Cardellini protagonizan esta nueva historia marcada por un triángulo amoroso y un desafortunado asesinato.

Con el final de la primera temporada de El caballero de los siete reinos todavía fresco en la memoria, HBO Max no nos deja huérfanos y lanza hoy, domingo 1 de marzo, su nueva gran apuesta: DTF St. Louis. Una serie que, sin miedo, puedo afirmar nos demuestra que estamos ante un cruce magistral entre la comedia negra más ácida y un drama de suspenso que te mantiene pegado al sillón preguntándote en qué momento todo se desvirtuó tan rápido.
La serie, creada por la mano experta de Steven Conrad (Patriot), nos mete de lleno en la vida de tres adultos atrapados en ese gris absoluto que suele ser la mediana edad. Pero lo que empieza como un estudio de personajes insatisfechos, pronto se transforma en una espiral de malas decisiones, deseo y un misterio de asesinato que envuelve a la ciudad de Misuri en una atmósfera fascinante.
Un triángulo amoroso marcado por lo bizarro y lo real
La trama se apoya en tres actuaciones descomunales. Por un lado tenemos a Jason Bateman como Clark, el "hombre del tiempo" de una televisión local, un tipo que parece el vecino ideal pero que oculta una insatisfacción crónica. Bateman, que ya es un experto en interpretar a hombres comunes metidos en líos oscuros (como bien vimos en Ozark), logra aquí una vulnerabilidad nueva, navegando entre la comedia sexual y la desesperación.
Del otro lado está David Harbour como Floyd, quien interpreta los segmentos de Clark en lengua de signos. Harbour está irreconocible: pelo rizado, unos kilos de más y una libido por el suelo que solo se activa cuando piensa en su esposa vestida de árbitro de béisbol. Esa esposa es Carol, interpretada por la siempre brillante Linda Cardellini, una contable que busca desesperadamente una conexión fuera de su círculo habitual.
De la realidad a la ficción: el toque Conrad
Originalmente, la serie iba a basarse en un artículo de The New Yorker sobre un caso real de un dentista acusado de matar al marido de su amante (papel que originalmente iba a hacer Pedro Pascal). Sin embargo, Steven Conrad decidió volantear a tiempo hacia la ficción pura. Esa libertad creativa le permitió a la serie abrazar una ambigüedad narrativa exquisita, donde cada rincón de St. Louis se vuelve un espejo cultural de la vida contemporánea.
La intriga se dispara cuando descubrimos que Floyd aparece muerto en unas piscinas clausuradas. Entra en escena el gran Richard Jenkins como el detective de homicidios, acompañado por una joven agente encarnada por Joy Sunday (Wednesday). La dinámica entre ellos y los sospechosos convierte a la serie en un rompecabezas emocional donde "DTF" (la app de citas extramaritales que usa Clark) es solo la punta del iceberg.
Así es que DTF St. Louis deja en claro que no intenta ser una serie de acción frenética, sino un estudio profundo de personas rotas. Como bien dijo Bateman en la presentación, son solo "gente dulce y vulnerable tratando de quedarse con un pedazo de vida más grande del que les tocó".
Es una serie que te incomoda, que te hace reír donde no deberías y que te obliga a pensar en las pequeñas grietas de la vida cotidiana que pueden terminar en tragedia. Con siete episodios que se estrenarán semanalmente (terminando justo antes del regreso de Euphoria), HBO Max nos regala la excusa perfecta para volver a los "míticos domingos" de televisión de alta calidad.
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