Lucía Lapiedra, la mujer que dejó la ingeniería para ratonear

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  • Se llama Miriam Sánchez, pero heredó su nombre artístico de quien la invitase a incursionar la industria del sexo.
  • Hoy asegura que volvió a ser una mujer normal, dejó el cine hot y su adicción a la droga, y vive junto a su pareja, el periodista José Manuel “Pipi” Estrada y su hija.

Miriam Sánchez nació en Madrid en 1981 y adoptó el nombre artístico de Lucía Lapiedra, aunque éste nada tenga que ver con ella ni con sus curvas tan carnales.

Es una de las femmes más codiciadas de Europa y tiene el récord de ser la mujer que hizo más veces el amor en el menor tiempo: lo practicó en 25 oportunidades en 36 horas. Pero antes de todo eso, era una chica normal

Estudió ingeniería informática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Según ella, era una chica completamente normal y que jamás pensó en dedicarse a la industria del sexo. Pero uno nunca sabe sobre las vueltas de la vida…

En 2004 conoció al director de cine XXX español Ramiro Lapiedra, y su destino cambió. Fue así que empezó a introducirse en esa industria. Lapiedra era su representante, y a la vez su novio, y de él heredó su apellido artístico.

De a poco se fue haciendo conocida… Participó en el programa de televisión Crónicas Marcianas de España, en el que iba por las calles de Barcelona desnudándose y junto a un periodista filmaba las reacciones de la gente. También hizo cine, con su aparición en la película Torrente 3, dirigida por Santiago Segura. Según ella cuenta, en este momento conjugaba la fama con su trabajo en la industria hot española, con la prostitución, con frecuentes apariciones en discotecas y con su adicción a la cocaína.

Lucía y Ramiro Lapiedra terminaron su relación en abril de 2006. Y al tiempo conoció al periodista deportivo José Manuel “Pipi” Estrada, con quien comenzó a salir.

De a poco, Lucía Lapiedra se fue desvinculando del mundo X, se retiró como actriz, y hasta volvió a utilizar su nombre real: Miriam Sánchez. Además superó su adicción a la cocaína, gracias a la ayuda de su novio. Tal es el amor, que la chica ingeniera  se tatuó el nombre de su pareja en el antebrazo (¿para no olvidarse?).

Pipi, quien la describió como a "un ángel rubio” señaló: " Miriam y yo congeniábamos a las mil maravillas en el plano íntimo y nos decidimos a vivir nuestra pasión turca a tope".

Y es así que con este “ángel rubio” tuvo varios encuentros sexuales originales, como explicó en un programa: entraron a un balneario cerrado, lo hicieron en la última fila de un avión, sobre el capó de un coche parado en una autopista, en el baño de una estación de servicio, y en un tren.

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