Alberto Ajaka y su fama de galán: "Yo nunca fui el mejor, pero nunca me faltaron mujeres"
Ganó el Martín Fierro por su papel en Guapas y acaba de estrenar la obra El hambre de los artistas, que escribió y dirigió. Charla con un actor de aceitado talento y repentina fama.
Por Nadia Barreiro
Cuando a los 37 años, después de trabajar 20 años en una imprenta, Alberto Ajaka (41) decidió dedicarse a la actuación, sólo pensaba en el "hacer", sin especular con resultados exitistas.
"Sólo fantaseaba con actuar, estaba desesperado por eso", fue una de las frases más directas, que largó sin pensar, en charla con Minutouno.com.
Las consecuencias de su trabajo no tardaron en llegar: creó su grupo de teatro (Colectivo Escalada) e interpretó destacados personajes en televisión, hasta que Donofrio, de Guapas, lo salpicó de popularidad y un Martín Fierro.
Ahora, acaba de estrenar la obra El hambre de los artistas -que escribió y dirigió-, y sigue pivoteando entre el teatro a pulmón y el mainstream, que próximamente lo tendrá junto a Julio Chávez en la ficción Signos.
Así, con una fama repentina pero un aceitado talento, Ajaka se mueve como pez en el agua, entendiendo las reglas del mercado como si lo hubiera absorbido de toda la vida.
-¿Cómo hacés para escribir estas obras tan complejas?
-Escribo yo. Trabajo sobre las situaciones que imagino y en las fuerzas o posibilidades escénicas que tiene una idea. Conecto los personajes y en algún momento tomo registro de lo improvisado por el grupo, que está estimulado por mí.
-Fuiste por primera vez al Martín Fierro, al epicentro del espectáculo argentino. ¿Cómo lo viviste?
-Bien, fui, hice lo mío (risas). Estuvo bien haber ganado porque si no ganás me parece que... Pero sí, la pasé bien. Es un show televisivo, y no hay mucho tiempo para nada. Está regido por las reglas de la televisión.
-¿Y el premio a mejor actor de reparto por Guapas qué significó?
-Es un reconocimiento, que está bueno. Nada más. Es un recorte también, por supuesto. Son caprichosos los premios, hay mucha gente en todo caso que lo merecería. Me sirve en términos laborales, cuando voy a pelear un contrato.
-La profesión del actor puede ser inestable. ¿Te da miedo perder la buena racha?
-Miedo no. Pero sí, para mí es una novedad este estilo de vida. He tenido siempre un estilo de vida austero. Tenía una especie de tranquilidad económica que este laburo no te lo brinda.
-¿Podrías volver a la imprenta?
-Podría hacer cualquier cosa incluso porque sí, no porque me quede sin laburo de actor. Incluso teniendo laburo de actor en algún momento tal vez no quiera actuar más. Es una novedad de grande haber cambiado la sensación de seguridad económica contra esto, de que por ejemplo ahora estoy en un momento de muy buen laburo por suerte, pero puede cambiar.
-Estuviste en calle Corrientes con la obra Otro estilo de vida y tenía un cartel con tu nombre, bastante grande...
-Sí. ¡Me froté todo, contra el cartel, me enloquecí! (Se ríe y luego se pone serio). Nada, es parte del negocio.
-En teatro dirigís a tu mujer (N. de la R: la actriz María Villar). ¿Cómo lo llevan?
-Es un cachivache todo, un quilombo. Pero bueno, ya estamos acostumbrados. La verdad, no es fácil. Pero bueno, uno se acostumbra a esas cosas también. "Es la última que te dirijo", se lo digo todo el tiempo. Y ella también me dice "es la última vez que trabajo con vos". Igual he aprendido a tratar de no mezclar, pero igual se mezcla, es la vida.
-¿Qué decía ella al verte deseado por otras mujeres con Donofrio?
-No decía nada. Qué se yo... Es que no es real ¿viste? No le podés dar tanta entidad. Por supuesto es raro y demás, pero no se le puede dar tanta entidad. Igual, yo nunca fui el mejor pero nunca me faltaron mujeres, entonces... Hay muchísima fantasía alrededor de eso, igual. La vida real es más común.
-¿Cuándo empezaste la carrera de actor, con qué fantaseabas?
-Con actuar, cuando empecé los talleres estaba desesperado por actuar. Pasaron tres años hasta que pude actuar y tuve que hacerme mi obra propia porque no te llaman. Hice la escenografía, la luz. Porque no pasaba nada. Esa era la primera fantasía.
-¿Hay alguna persona que no creyó en vos y que hoy podés darte la revancha?
-A un montó, pero les mando un beso y un abrazo (risas).
El hambre de los artistas se puede ver los viernes y sábados a las 21 y los domingos a las 20 en el Teatro Sarmiento.
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