Oscar "Negro" González Oro y su vida familiar: quiénes son sus hijos y la historia con Estela

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El periodista fue padre de Agustín y crió como propio a Pablo, el hijo de su hermano. Su matrimonio con Estela terminó cuando su hijo tenía apenas dos años, una separación que años después describió con enorme sinceridad.

La vida de Oscar “el Negro” González Oro estuvo marcada por la radio, la televisión y una carrera de más de tres décadas, pero detrás del personaje público existió una historia familiar que el periodista fue revelando con el paso de los años. Agustín, su hijo biológico, Pablo, el sobrino al que crió como propio, y Estela, su exesposa y madre de su hijo, ocuparon lugares fundamentales en ese recorrido.

González Oro murió a los 74 años y dejó también numerosos testimonios en los que habló con una sinceridad poco habitual sobre su rol como padre, sus errores, sus ausencias y los vínculos que logró reconstruir con el tiempo.

En una entrevista con Clarín, el conductor explicó que Agustín era su hijo biológico y que Pablo era hijo de su hermano, pero aclaró que para él esa diferencia nunca había determinado el lugar que cada uno ocupaba dentro de la familia. “Es mi hijo”, había dicho sobre Pablo, a quien comenzó a criar cuando tenía aproximadamente 14 años.

Estela, la mujer con la que tuvo a Agustín

Antes de convertirse en una de las voces más conocidas de la radio argentina, González Oro formó una familia junto a Estela. Se enamoraron, se casaron y tuvieron a Agustín. Sin embargo, la relación terminó cuando el niño tenía apenas dos años.

Muchos años después, el periodista recordó aquella etapa con una mirada diferente y reconoció que la llegada de un hijo y el matrimonio habían significado un cambio para el que no estaba preparado. “Ella era la mujer que yo quería tener. La amé y creo que me amó. Pero cuando nos encontramos casados e inmediatamente con un bebé, fue como un sismo. No sé si estaba preparado en ese momento para ser papá de Agustín”, contó.

González Oro también explicó que aquella separación no fue sencilla para ninguno de los dos. Incluso reconoció que necesitó hacer terapia y atravesar un proceso personal importante para poder comprender lo que había sucedido.

La relación con Estela, sin embargo, no quedó reducida al fracaso del matrimonio. En sus entrevistas, el conductor habló de ella con respeto y reconoció el papel que había tenido en la crianza de Agustín. “Siempre fue buena”, respondió cuando le preguntaron por la relación que mantenía con sus hijos y recordó que tanto él como Estela habían hecho lo posible para que Agustín creciera bien.

Agustín, su hijo biológico y una relación que atravesó distintas etapas

Agustín fue el único hijo biológico de González Oro. Con el paso de los años, el conductor reconoció que su intensa carrera profesional había tenido consecuencias sobre su vida familiar. En una entrevista posterior, admitió que se había perdido “capítulos enteros” de la vida de sus hijos como consecuencia de las exigencias de su trabajo. Esa reflexión fue una de las razones que lo llevaron a modificar sus prioridades durante sus últimos años.

El propio periodista contó una conversación que mantuvo con Agustín cuando era adolescente y que lo marcó especialmente. “No sé si sos el papá que yo quería tener”, le dijo su hijo en aquel momento. Recordó que no esquivó la pregunta y decidió responderle con la misma franqueza: “Está bien que te lo preguntes. ¿Por qué no te preguntás si sos el hijo que yo quería tener?”

Aquel intercambio, contado años después entre risas, reflejaba también una relación que había atravesado momentos complejos pero que continuaba siendo cercana. Agustín finalmente construyó su vida en Europa. Durante años estuvo radicado en Londres y formó allí su propia familia. González Oro hablaba de él con orgullo y destacaba su independencia.

Pablo, el sobrino que terminó siendo su hijo del corazón

La historia de Pablo fue todavía más particular. Era hijo de Armando, hermano de González Oro, pero el conductor comenzó a hacerse cargo de él cuando tenía alrededor de 14 años. Con el tiempo, el vínculo dejó de ser el de un tío y un sobrino para convertirse, en los hechos, en una relación entre padre e hijo. “Es mi hijo y tiene los mismos derechos que tiene Agustín”, explicó González Oro cuando habló de su familia.

Pablo incluso lo llamaba “papá”, una situación que el periodista asumió completamente. Para él, el vínculo construido durante años tenía el mismo valor que el lazo biológico. En una entrevista, además, destacó especialmente la relación que habían desarrollado Pablo y Agustín. “Pablo y Agustín se llevan fenómeno, se escriben todo el día por WhatsApp. Se sienten hermanos”, contó.

Ese vínculo entre los dos fue una de las cuestiones que más tranquilidad le generaban. González Oro llegó a decir que saber que ellos se tenían mutuamente le permitía pensar en el futuro con mayor tranquilidad.

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La distancia con sus hijos y cuánto los extrañó

Durante la pandemia, la separación geográfica entre González Oro y sus hijos se convirtió en un problema especialmente doloroso. Agustín estaba en Londres y Pablo en Madrid, mientras el periodista se había instalado en Uruguay. Las restricciones para viajar a Europa hicieron que pasara aproximadamente un año sin poder verlos. En ese período reconoció públicamente cuánto sufría la distancia.

“Hace un año que no veo a mis hijos. Los extraño mucho. Tanto Inglaterra como España tienen fronteras cerradas. No me puedo tomar un avión e ir a verlos. Quiero estar con ellos. Nunca pasamos tanto tiempo separados. Me da bronca, angustia…”, había expresado.

Incluso contó que había decidido no mantener videollamadas frecuentes porque verlo a través de una pantalla le resultaba todavía más difícil. “Les prohibí que me llamen por Skype. Me hace mucho daño verlos a través de la pantalla y no poder tenerlos ni olerlos”, relató en aquella oportunidad.

Una familia que siguió unida pese a la distancia

Los últimos años de González Oro estuvieron atravesados por una decisión personal: alejarse del ritmo que había llevado durante décadas y disfrutar más de su vida privada. En 2020 se instaló en Punta del Este y comenzó una etapa diferente. Tiempo después explicó que una de las razones de esa transformación estaba relacionada precisamente con sus hijos.

“Ya no tengo horarios. Después de décadas sumergido en estudios, perdiéndome capítulos enteros de la vida de mis hijos [Agustín y Pablo, que viven en Europa], merecía este retiro voluntario”, explicó.

Agustín y Pablo, mientras tanto, construyeron sus propias vidas en Europa. González Oro contó que ambos estaban casados y que se sentía feliz por la vida que habían logrado formar, aunque naturalmente los extrañaba.

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