Peña: 'Todos los putos merecen morir de sida'

Espectáculos

*El actor pasó por el programa "De Dónde Vengo" y no ahorró comentarios controvertidos. Leé las declaraciones.

Fernando Peña irrumpió en la escena cultural porteña sin dejar lugar a dudas de que con su desembarco buscaba ocupar un lugar: a las puteadas, con humor y desenfreno se ganó, por igual, el cariño y el desdén del público. Pero nunca la indiferencia.

Su temprana experiencia homosexual, el turbulento vínculo con su madre, la adicción a la droga, el SIDA, y los planes de su propia muerte, fueron algunos de los temas de los que habló anoche con Chiche Gelblung, en De Dónde Vengo, el programa que el periodista conduce todos los sábados, pasadas las 22, por Canal 26.

Peña osciló desde muy chico entre su homosexualidad y su amor por las tablas: a los seis años deambulaba por la casa familiar con las uñas pintadas, vestido con las ropas de su madre y con muñecas en la mano. Su madre, “muy abierta para muchas cosas”, nunca aceptó su elección sexual.

Con ella, la española Malena de Mendizábal, tuvo una relación de amor y odio que lo marcó a fuego. “Vas a tener una vida fácil porque te escupí”, le dijo su madre sobre su nacimiento. Sin embargo, Peña aseguró sentir por ella un amor incondicional, el mismo que, aunque esquivo, creyó siempre ver en ella.

“Cuando mi mamá se murió sentí broca y alivio”, confesó un Peña que -sin ningún reparo- se deja ver cada tanto con la urna que contiene las cenizas de su madre, obsequio del periodista Jorge Lanata. Es que al actor le “produce mucha paz tocar las cenizas”.

Un temprano debut

Entre afirmaciones que buscaban echar claridad sobre su propia personalidad, como, por ejemplo: “Yo soy un asqueroso, pago por sexo”; “siempre digo que la droga es malísima… pero me gusta”, o “soy un prostituto desde chico: fui taxi boy”, Peña habló de su primera relación homosexual.

A los 13 años debutó con un compañero de colegio y, ambos, debieron usar “manteca para que resbale, porque en esa época no había vaselina”… Confesiones de un Peña sin reparos en el programa de Chiche.

Adicción e internación

En 1979, la madre de Peña decide internarlo porque la adicción a la heroína que Fernando experimentaba se había hecho insostenible. “Desde ahí soy consumidor pero no adicto”, afirmó en relación a que puede drogarse o no sin que esto le produzca mayor aflicción.

En 1979, 21 años después de su estadía forzosa en Nueva York, Peña se realiza el estudio de HIV que le da positivo y refunda su vida. “Lo primero que me salió cuando me enteré fue una carcajada”, afirmó. Es que “es más difícil quedarse vivo que haberse muerto”.

Sin dar detalles al respecto, Peña sostuvo que, al tenerla “planeada”, su muerte “no va a pasar desapercibida”. Y cerró sus siempre explosivas declaraciones, tal vez, con la más ruidosa de todas: “Todos los putos merecen morir de Sida, porque es una deformidad ser puto”.

Dejá tu comentario