Timothée Chalamet le hace honor al nombre y se vuelve supremo en "Marty Supreme"

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Este jueves llegó a los cines la película que le podría valer el primer Oscar a Timothée Chalamet porque su trabajo es excepcional.

La expectativa alrededor, la promoción imparable y hasta los premios de Timothée Chalamet por su papel en "Marty Supreme" me hicieron ir al cine con un poco de temor. Siempre dije que, si tantas son las expectativas de una película hay algo que puede salir muy mal. Pero acá fue todo lo contrario porque, a decir verdad, ver a este joven actor en pantalla grande siempre es un privilegio porque su nivel de interpretación ya no es fácil de ver en el cine.

Lo cierto es que Timothée Chalamet no es un actor estático ni, por lo visto, tranquilo. En el lapso de tres años nos puede regalar a Bob Dylan, a un jugador de ping pong o volver a ser Paul Atreides de la noche a la mañana. Pero, a decir verdad, con "Marty Supreme" se volvió supremo de verdad porque, aunque suene paradójico, estoy segura que el nombre del film fue un puntapié para que su trabajo sea más potente. Ahora, de verdad, entiendo por qué tantas cosas se han dicho en torno a esta cinta que, en su extensa duración (2hs y media), plantea un desorden cinematográfico placentero.

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"Marty Supreme" no es una película convencional y, para que se entienda esta definición, voy a simplemente decir que al verla pensé todo el tiempo en "Tick, tick boom" y en "Casa Blanca", dos clásicos, dos historias y dos películas fuera de serie que nada tienen que ver con el tenis de mesa. La primera por el planteo sobre las pasiones y cuánto nos pueden afectar y la otra por cómo se realizó su rodaje, pero antes la trama:

Ambientada en la Nueva York de los años cincuenta, "Marty Supreme" sigue a Marty Mauser, un prodigio del tenis de mesa nacido en la precariedad, atrapado en la zapatería familiar y decidido a abrirse paso a raquetazos hacia la escena internacional. Chalamet lo interpreta como si estuviera siempre dos segundos adelantado al resto del mundo: habla rápido, piensa más rápido todavía y se mueve con virtuosismo. Marty es encantador y detestable a partes iguales.

Marty Supreme

Josh Safdie planteó diferentes subtramas hechas por un mismo actor: ambición, engaño, deseo y supervivencia y algo así solo se puede plantear con un actor de la talla de Timothée Chalamet quien, como hizo Andrew Garfield en su momento con "Tick, tick boom", nos puede demostrar hasta dónde nos llevan las pasiones y cuál es el límite que podemos tocar. Egoísta, manipulador, misógino, narcisista y manipulador son algunas de las definiciones que puedo encontrar para este personaje que Chalamet hizo con tanta brillantez y facilidad que a veces resulta querible, en especial cuando está cerca de la red.

Verdaderamente ese es el juego tan difícil que tiene este film: cómo cruza de una personalidad a la otra en cada segundo, en cada toma, en cada partido donde es aún más brillante. Timothée a todo eso le trajo una espectacularidad válida de un Premio Oscar. Además, "Marty Supreme" te lleva al límite con la cantidad de cosas que pasan por segundo a lo largo de sus dos horas y el hecho de que el actor sepa brillar en cada aspecto a pesar de la velocidad, es lo que le da aún mucho más autenticidad a su trabajo que, él mismo dijo que es el más grande de su carrera.

La película pasa por todos sus estadios: acelera cuando Marty junta algo de dinero y se lanza a Londres, donde se enfrenta al mejor jugador del planeta, el japonés Koto Endo, interpretado por el verdadero campeón Koto Kawaguchi. Pero esto no es todo: en el camino deja embarazada a Rachel (Odessa A’zion), que además está casada con otro hombre; seduce y exprime emocionalmente a una estrella de cine en decadencia interpretada por Gwyneth Paltrow; y traiciona a su mejor amigo mientras pide, engaña y roba para regresar a la primera división del ping-pong mundial.

Marty Supreme

Un desorden descomunal que parece correr una carrera contra sí misma a ver cuál fotograma termina siendo más desastroso, una energía nerviosa, pero tan espléndida que Safdie me hizo recordar a "Casablanca": pasan tantas cosas y tan buenas que nunca sabes a dónde mirar. Hay un juego hermoso entre lo narcisista de su protagonista y lo desordenado de sus escenas, que "Marty Supreme" se vuelve descomunalmente atrapante.

Si, la impronta y la estructura del largometraje está puesta en ser una película deportiva (el mayor objetivo del protagonista es lograr su competencia), pero al mismo tiempo hay tantas capas que funcionan tanto de forma independiente como en potencia con la trama central entre el romance, las diferencias de clases y la manipulación, que "Marty Supreme" nunca pierde intensidad.

timothée chalamet en marty supreme

En torno a esta historia hay muchas buenas decisiones tomadas y eso las convierte en las mejores del año (en Estados Unidos estrenó en 2025, por eso me siento apta para decirlo). Hay capacidad, hay sorpresa, hay estética retro para entrar a los años 50, música de la época y coreografías deportivas bien planteadas que le dan ese toque deportivo e intenso.

La audacia de John Safdie, la supremacía y experimentación de Timothée Chalamet y el elenco compuesto por Odessa A'zion, Gwyneth Paltrow, Tyler the Creator (su debut en el cine), Abel Ferrara, Fran Drescher, Sandra Bernhard, Ralph Colucci y Koto Kawaguchi hacen todo aún más perfecto.

Y para aclarar, Marty Supreme no es un verdadero monstruo, ni un mitómano arrogante, pero todo gracias a Chalamet que supo convertir un personaje desagradable en uno muy atractivo, simpático y hasta por momentos querible. A partir de este jueves, ya se lo puede ver y disfrutar en el cine.

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