Volvió "Bridgerton" a Netflix con un recorrido entre "Cenicienta" y la época de la Regencia
La temporada 4 de "Bridgerton" encontró el balance perfecto entre el cuento de hadas y la cruda realidad logrando así estar al altura de sus predecesoras.
Benedict Bridgerton. Foto: (Netflix)

Hablar de Shonda Rhimes es, inevitablemente, invocar una forma de grandeza televisiva que parece no conocer limitaciones. Lo que esta arquitecta de emociones logró a lo largo de los años es excepcional, pero con Bridgertonconsiguió algo más profundo: trascender el nicho del romance histórico para crear un fenómeno cultural que se devora a sí mismo y se reinventa. Al fusionarse con Netflix en aquel 2020 de encierro y nostalgia, Shondaland encontró oro en la narrativa de Julia Quinn, demostrando que los parámetros clásicos, cuando son ejecutados con inteligencia y sensibilidad, son capaces de sostener un imperio.
Desde su estreno, la serie se movió peligrosamente en la cuerda floja del "romance empalagoso" con muy pocos parámetros de "enemies to lovers" (a excepción de Anthony y Kate Sharma) y, por eso, el miedo estaba en que, al llegar a la cuarta temporada, la fórmula cayera por su propio peso. Sin embargo, con el lanzamiento de la primera parte de esta cuarta temporada, la realidad nos dio una bofetada de frescura y fascinación. Aunque el primer episodio exige un compromiso del espectador para reajustar la mirada, lo que sigue es una de las construcciones más redondas y adictivas de la saga hasta la fecha.
Esta entrega, basada en la novela Te doy mi corazón, abandona la luminosidad de los salones de baile tradicionales para abrazar una estética más cercana al cuento de hadas, pero con una pátina de oscuridad y realismo social necesaria. La historia de Benedict Bridgerton (un Luke Thompson que por fin alcanza su gloria absoluta) y Sophie Beckett (la brillante incorporación de Yerin Ha) es un espejo de La Cenicienta, pero despojada de hadas madrinas y calabazas mágicas.
Aquí, el zapato de cristal es reemplazado por un guante perdido y la magia por la cruda cuestión de clase. El encuentro en el baile de máscaras de Violet Bridgerton, donde Benedict cae rendido ante la enigmática "Dama de Plata", no es solo un detonante romántico; es el inicio de una búsqueda implacable que desafía las barreras de la alta alcurnia. Sophie no es solo una damisela en apuros, sino una empleada doméstica que obliga al bohemio de la familia a enfrentarse, por primera vez, a las consecuencias reales del privilegio.
Uno de los aciertos más notables de esta temporada es la exploración del concepto "upstairs-downstairs" (arriba y abajo). Por primera vez, la cámara se digna a bajar a las cocinas y a los cuartos de servicio, dándole voz a esa clase baja que hace funcionar la sociedad que creíamos conocer, en especial en épocas como la de la Regencia en Londres. La llegada de Katie Leung (recordada por su papel en Harry Potter) como la implacable Lady Araminta Gun, refuerza este ecosistema de tensiones donde ser una hija ilegítima o una criada es una sentencia de invisibilidad.
En cuanto a Benedict, el paso de "playboy" a "loverboy" es orgánico y fascinante. Tras explorar su libertad sexual en temporadas anteriores, este es el momento de su verdadera transformación emocional incluso odiando los extremos pedidos de su madre. Lo curioso es que, a diferencia de sus hermanos, Benedict no necesitó un cambio estético radical para brillar; su carisma ya estaba allí, esperando el roce de un sentimiento lo suficientemente fuerte como para anclarlo a la realidad.
Pero, por si esto fuera poco, esta temporada va mucho más allá porque los secundarios también reclaman su espacio con una profundidad inusitada. La amistad entre Lady Danbury y la Reina Carlota alcanza matices de vulnerabilidad que rara vez vemos en personajes de su jerarquía, mostrándolas expuestas, con sus incertidumbres y regocijos, dentro de un vínculo basado en la pura supervivencia.
En sí, esta temporada posee una sensualidad y una consciencia que la elevan sobre sus predecesoras. Bridgerton así es cómo demostró que no solo sabe contar historias de amor; sabe contar historias de personas que, en medio de la opresión de las formas, se atreven a escuchar a su propio corazón. El baile ha comenzado, y esta vez, la música suena más real y conmovedora que nunca para abrir paso a lo que será el estreno de la segunda parte el próximo 26 de febrero.
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