José Antonio Marina Torres, pedagogo de 87 años: "La inteligencia no pasa por acumular conocimientos"

Uno de los filósofos más destacados de España cuestionó la idea de vivir solo en busca de la felicidad y alertó sobre sus efectos en la conducta.

Uno de los reconocidos filosofos y pedagogo español José Antonio Marina, de 87 años, realizó una crítica sobre uno de los enfoques que, según su mirada, atraviesan a la educación actual. Para el especialista, transmitir a los jóvenes que la felicidad es algo fácil de conseguir puede generar una visión equivocada sobre la vida.

Marina, uno de los filósofos contemporáneos más influyentes del ámbito educativo, sostiene que esa idea puede favorecer la búsqueda constante de recompensas rápidas y relacionarse con el aumento de ciertas adicciones.

En su análisis, el problema aparece cuando se prioriza el placer inmediato por encima del esfuerzo, la superación de obstáculos y el desarrollo personal.

El pensamiento de José Antonio Marina

En su último libro, La vacuna contra las adicciones (Ariel), José Antonio Marina aborda las razones por las que algunos adolescentes, aun sin mostrar señales previas de problemas, pueden quedar atrapados en conductas perjudiciales. El autor plantea que las adicciones reflejan aspectos profundos de la naturaleza humana y propone estrategias educativas para actuar antes de que esos comportamientos se consoliden y afecten el crecimiento personal.

El especialista se presenta como un filósofo al servicio de la sociedad y sostiene que la filosofía no debe limitarse a debates teóricos o reflexiones abstractas. Para Marina, los filósofos tienen que aportar respuestas a los desafíos concretos de la vida cotidiana. Según su visión, la verdadera inteligencia no pasa solamente por acumular conocimientos, sino por desarrollar la capacidad de resolver problemas y encontrar alternativas.

Además, el pensador español plantea una advertencia sobre el impacto de la tecnología en la forma de pensar. Si bien reconoce que las herramientas digitales simplifican muchas tareas, también señala que pueden llevar al cerebro a depender demasiado de soluciones rápidas y reducir el esfuerzo mental. Esa comodidad, explica, puede favorecer nuevas formas de adicciones digitales y debilitar la capacidad de concentración y análisis profundo.

Marina también cuestiona lo que define como una generación de jóvenes con menor tolerancia a las dificultades. En su mirada, durante años se instaló la idea de que “lo importante es ser feliz” sin contemplar que el desarrollo personal también requiere atravesar obstáculos. Cuando ese mensaje se combina con estímulos constantes y recompensas inmediatas, aumenta el riesgo de buscar refugio en las pantallas, sustancias u otros mecanismos para evitar el malestar.

Durante una conversación con Ricardo Moya, el autor destacó la importancia de fortalecer la atención voluntaria frente a los estímulos que buscan captar la mente de manera permanente. Las redes sociales, según explicó, están diseñadas para mantener a las personas conectadas durante largos períodos. Frente a ese escenario, propone una educación enfocada en controlar los impulsos, administrar los deseos y recuperar la capacidad de concentrarse.

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