La NASA descubrió que una construcción humana cambió la rotación de la Tierra

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El fenómeno fue analizado por especialistas de la NASA y está relacionado con el desplazamiento de enormes cantidades de agua.

La NASA analizó el impacto que pueden tener los grandes desplazamientos de masa sobre el planeta y determinó que una construcción realizada por el ser humano consiguió provocar una mínima modificación en la rotación de la Tierra.

La protagonista es la presa de las Tres Gargantas, ubicada sobre el río Yangtsé, en China. Se trata de la central hidroeléctrica más grande del mundo y de una de las obras de ingeniería más ambiciosas realizadas hasta el momento.

El efecto sobre nuestro planeta es extremadamente pequeño y no representa ningún peligro para la población. Sin embargo, resulta detectable mediante instrumentos científicos de alta precisión y demuestra hasta qué punto el movimiento de enormes cantidades de masa puede generar cambios físicos a escala planetaria.

Según explicó el geofísico Benjamin Fong Chao, del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, cualquier desplazamiento importante de masa puede influir sobre la rotación terrestre, aunque en la mayoría de los casos el efecto sea prácticamente imposible de percibir en la vida cotidiana.

Cómo esta construcción afectó la rotación de la Tierra

La explicación está relacionada con la enorme cantidad de agua acumulada detrás de la presa de las Tres Gargantas. Al modificar la distribución de esa masa sobre el planeta, también cambia mínimamente la manera en la que la Tierra gira sobre su propio eje.

El fenómeno puede compararse con el movimiento de una persona que gira sobre sí misma: cuando concentra su masa cerca del centro, gira más rápido, mientras que al alejarla puede hacerlo más lentamente. Algo similar ocurre a escala planetaria.

De acuerdo con la explicación de la NASA, cuando la masa se desplaza hacia los polos la rotación tiende a acelerarse, mientras que cuando se distribuye más lejos del eje terrestre puede producirse una desaceleración.

En el caso de la presa china, el efecto calculado sería de aproximadamente 0,06 microsegundos adicionales en la duración del día. Se trata de una diferencia completamente imperceptible para las personas, pero que puede ser registrada mediante tecnología científica especializada.

La presa de las Tres Gargantas comenzó a construirse durante la década de 1990 y demandó alrededor de 13 años de trabajos. Su muro alcanza los 181 metros de altura y para levantar la estructura se utilizaron millones de metros cúbicos de hormigón y cientos de miles de toneladas de acero.

Además de generar energía, la obra cumple una función fundamental en el control de inundaciones y la regulación del río Yangtsé. Su capacidad instalada ronda los 22.500 megavatios, convirtiéndola en una de las infraestructuras energéticas más importantes del planeta.

Qué pasaría si la Tierra empezara a girar al revés

El cambio provocado por la presa de las Tres Gargantas no significa que exista posibilidad alguna de que la Tierra invierta su rotación. El efecto detectado es mínimo y solamente modifica de manera extremadamente pequeña la velocidad del giro terrestre.

Sin embargo, un escenario hipotético en el que el planeta comenzara a rotar en sentido contrario tendría consecuencias completamente diferentes. Especialistas citados en el artículo original advierten que una alteración de semejante magnitud podría modificar los patrones climáticos, las corrientes oceánicas y la distribución de temperaturas.

También cambiarían numerosos sistemas naturales que dependen de la rotación terrestre, generando modificaciones profundas en distintas regiones del mundo. Las consecuencias afectarían tanto a los ecosistemas como a las sociedades humanas.

De todos modos, este escenario pertenece al terreno hipotético y no guarda relación con el efecto producido por la presa china. El descubrimiento resulta relevante principalmente porque permite comprender cómo incluso las grandes obras humanas pueden generar modificaciones medibles en procesos físicos del planeta.

La investigación también vuelve a poner en foco la sensibilidad de la Tierra frente a los movimientos de enormes masas de agua, roca o hielo, fenómenos que pueden producirse tanto por causas naturales como por intervenciones humanas.

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