Mitos sobre la sexualidad masculina
*Por Lic. Diana M. Resnicoff.
La sexualidad masculina está tan influida por una serie de mitos, modelos culturales y errores o falta de información que hacen que una de las actividades mas placenteras del hombre se vea muchas veces perturbada.
En una investigación realizada en más de 52.000 hombres, el 55% se encontraba insatisfecho con su vida sexual y el 39% admitió diferentes problemas, como desinterés sexual o eyaculación precoz. La mayoría de los hombres tienen preguntas sobre su sexualidad, todos quieren saber más, mejorar su actividad sexual, a pesar de no tener muy claro lo que esto puede significar. Otros dicen que tienen en general una buena actividad sexual, pero piensan que les está faltando algo.
En general se piensa que la sexualidad femenina es misteriosa y complicada, llena de problemas: todo lo contrario de la masculina. Los hombres suponen que las mujeres deben sentir de cierta manera para comenzar a excitarse, necesitan estimulación hecha de una forma precisa, tienen dificultades para llegar al orgasmo o, en el otro extremo, son criaturas que quieren mucho sexo, mucho mas que el que cualquier hombre normal le puede dar.
Frente a esto, se piensa que los genitales masculinos son la esencia de la simplicidad; toda la sexualidad está concentrada en un lugar, a la vista de todo el mundo.
Esencialmente, el hombre quiere solo introducir el pene, tener un orgasmo con el mínimo de ternura, comunicación y relación posible. Debe hacer una cantidad de juegos previos sólo para satisfacer a su pareja. Tiene que iniciar, poner a la mujer en clima, orquestar todo el acontecimiento, estar seguro de que su compañera está satisfecha y, finalmente, encontrar su propia satisfacción. Todo es responsabilidad del varón. Y resulta que estos hombres quieren saber si hay alguna manera de hacer el sexo más placentero, con menos trabajo y más diversión.
El hombre, en general, pretende ser confiado cuando no se tiene confianza, saber cuando ignora, estar cómodo, interesado y disfrutando, cuando en realidad no lo esta.
Mito 1°: “El hombre no tiene o no debe expresar ciertos sentimientos”
Debilidad, confusión, miedos, vulnerabilidad, ternura, compasión y sensualidad están permitidos solo a las niñas y mujeres. ¿Qué clase de desinformación obtenemos los humanos que suponemos que las parejas deben tener sexo en un horario pre-establecido o con una frecuencia pre-determinada? Estos conceptos erróneos hacen que muchos se sientan "anormales" si no alcanzan - o incluso exceden esa "cuota imaginada". Un encuentro sexual está determinado por muchos factores - algunos controlables y otros no. Para que resulte exitoso se requiere deseo, buena disposición y oportunidad, y esto debe estar presente en ambos compañeros, al mismo tiempo y con una intensidad similar. Pero no siempre sucede esto porque el deseo sexual de las personas varía mucho.
Muchas veces la pareja descubre sus tiempos después de comenzar a convivir, otras veces el deseo sexual de uno de sus integrantes disminuye con el paso del tiempo. De manera tal que la buena disposición para tener sexo y el deseo sexual hacia nuestra pareja pueden verse apagados por muchos otros factores. Ello dependerá de cómo nos sintamos con nuestro compañero, de cómo nos sentimos en relación a nosotros mismos y de las cosas que estén sucediendo en nuestras vidas.
El sentimiento hacia nuestro compañero influye notablemente en nuestra expresión sexual. Si nos sentimos ofendidos, con resentimientos de larga data, no escuchados o no comprendidos difícilmente tengamos ganas de hacer el amor.
Nuestra disposición sexual y nuestro deseo sexual tambien pueden verse afectados por cómo nos sentimos en relación a nuestro cuerpo. ¿Cómo le va a resultar atractivo al otro nuestro cuerpo, si nosotras muchas veces lo hallamos repulsivo? Este desprecio hacia nuestro cuerpo disminuye nuestros sentimientos sexuales e incluso, expresando este hastío, podemos apagar a nuestro compañero!
Ademas, existen diferencias de género en cuanto al deseo sexual. ¿Tienen los hombres deseos más fuertes? Probablemente no, pero su deseo sexual pareciera ser más insistente, constante y de satisfacción mas rápida. ¿Los deseo sexuales de las mujeres son menos intensos, más vulnerables y no surgen bajo ciertas condiciones? Quizá. Los sexólogos clínicos observamos que el camino entre el deseo y su satisfacción es mas largo - con más apartados, desvíos y obstáculos - en las mujeres que en los hombres.
El papel que cumplen las circunstancias no puede dejar de tomarse en cuenta al valorar cuan frecuentemente una pareja hace el amor. Las condiciones de la relación de pareja sólo a veces influye en sus relaciones sexuales. Muchas parejas se llevan muy bien y raramente hacen el amor. Las tensiones, las preocupaciones, los problemas financieros, las responsabilidades de la paternidad, las enfermades, la ausencia de privacidad, son todas circunstancias que pueden disminuir drásticamente el deseo sexual .
En realidad el problema no es cuán a menudo las personas hacen o no el amor sino cómo esto es percibido por la pareja y qué sentimientos le despierta.
Mito 2°: “En sexo, como en cualquier otra actividad, rendimiento es lo que vale”
Esto significa poder cumplir un objetivo y cuantas mas veces mejor. Este objetivo es en general la penetración y el orgasmo. De este modo se transforma al sexo en trabajo, como una obligación mas de las tantas que presenta el diario vivir.
La mayoría de los problemas sexuales masculinos se deben a la llamada "ansiedad por rendimiento". En general, el hombre se siente permanentemente responsable de la efectividad del coito. Cumplir con estos estándares es más valioso para muchos hombres, que la posibilidad de gozar realmente.
Desconocen que no existe una forma correcta de hacerlo y no hay metas especiales que alcanzar. Tampoco saben que es característico, del varón, el hecho de que luego de un orgasmo pase por un periodo de tiempo llamado periodo refractario, variable según la edad, el estado de salud, el momento del día, durante el cual por mas que se lo estimule vigorosamente no lograra una nueva erección y menos una eyaculación. Es decir que tendrá que pasar un tiempo suficiente y que, no es igual para todas las personas, para conseguirla.
En esto se diferencia de la mujer que puede tener un orgasmo tras otro (multiorgasmo). Casi todos los varones jóvenes tienen uno o dos orgasmos por encuentro, quedando la gran mayoría satisfecho con el primero, y que si bien era cierto que en algunas situaciones se pueden tener mas, esto no significa un criterio de normalidad o anormalidad. Las relaciones sexuales no son sólo penetración sino también juegos, caricias, besos, variaciones en la posición.
Mito 3°: “El hombre se debe encargar de dirigir y orquestar el sexo”.
Los hombres aprendieron que el sexo es no sólo responsabilidad de ellos sino que tien que hacer todo ellos: iniciarlo, excitar a su compañera y excitarse, decidir qué manera y qué posiciones deben adoptarse, lograr que la pareja tenga por lo menos un orgasmo y lograr además, el propio orgasmo. Este mito proviene de dos viejas ideas sobre la naturaleza de la masculinidad:
a) Ser un hombre significa ser el líder y el activo.
b) Un verdadero hombre necesita poco o nada de una mujer, tanto en términos de información como de estimulación.
La mayoría de los varones suponen que no necesitan nada especial para estar excitados y obtener una buena erección. Mas aún: suponen que ellos solos deben producir su propia excitación, que deben llegar a una situación sexual ya excitados y erectos. Solo las mujeres necesitan atención especial para lograr “ponerse a punto”. Se sienten responsables de que ella tenga un orgasmo y culpables si no lo tiene. Buscan información en múltiples fuentes de cual es la mejor manera de hacer gozar a su pareja pero no se atreven a preguntárselo a ella, pues seria admitir una ignorancia que pondría en duda su hombría. Desconocen que la actividad sexual con una compañera debiera ser algo compartido con ella.
Mito 4°: “El hombre siempre quiere y está dispuesto a tener una relación sexual”.
Aun hoy casi todos los hombres piensan "yo puedo con todas las mujeres que quiero, y si no puedo es porque soy un débil". Cumplir con este mandato suele llevarlos a no poder elegir y no poder decir que no: es como estar obligados a "poder con todas".
Frase típica de los boy-scout no es ajena a la mitología sexual de nuestra sociedad.
Mito 5°: “Todo contacto físico lleva a una relación sexual”.
No se concibe que un hombre quiera solo una caricia, un abrazo, sin que esto sea el camino a una relación sexual.
Mito 6°: “Sexo significa solo penetración ”.
Para muchos hombres los juegos son meramente "preliminares" del coito. Y, aunque ese juego lleve a altos niveles de goce sexual es considerado solo como un aperitivo de la relación. Incluso consideran a otras formas de llegar al orgasmo como algo "especial".
Acaso no saben que la penetración es sólo indispensable en la procreación - y hasta cierto punto - y que alcanzar el orgasmo con estimulación manual u oral puede llegar a ser por demás placentera?.
Mito 7°: “Toda actividad sexual requiere como condición indispensable la erección”.
Este mito es, en cierta forma, un corolario del anterior. Pensar que no hay sexo sin penetración, es transformar a la erección en la estrella del show sexual que, al no presentarse en el show, origina una verdadera tragedia.
La fisiología masculina no responde a esta exigencia. Después de los 40 años y aun antes, muchos hombres requieren un largo período de estimulación para lograr una completa erección. Además, durante el desarrollo de la actividad sexual, esta se puede perder temporariamente de manera fisiológica y recuperarse sin problemas. Ante esto muchos se declaran impotentes y entran en crisis personales más o menos graves a pesar de ser perfectamente capaces de disfrutar el sexo y de recuperar un rato mas adelante la erección.
Mito 8°: “Una buena relación sexual es aquella en la que se consigue una excitación ininterrumpida y que siempre termina en orgasmo”
Para muchos hombres es imposible concebir una relación sexual en la que no aparezca "obligatoriamente" la eyaculación y el orgasmo. A veces, y sobre todo después de la edad media de la vida, aparecen con cierta frecuencia dificultades no orgánicas con la erección o la eyaculación. Y estos hombres en lugar de vivir con placer lo logrado, viven con angustia lo no logrado. A causa de este mito, es difícil concebir que el sexo puede ser algo relajado, con interrupciones, descanso, charla, risas, en fin, algo sumamente agradable y menos ansiógeno.
No hay duda de que el orgasmo es muy placentero, pero deja de serlo para el hombre y la mujer cuando alcanzarlo “es un trabajo mas”.
Mito 9°: “El sexo debe ser natural y espontáneo ”
Es decir no necesita aprendizaje. Como si el hombre ya viniera programado de fábrica. Y este es un mito que impide preguntar, aprender y también enseñar. En lo que respecta al sexo hay que aprender como en todas las otras actividades de nuestra vida y avergonzarse de preguntar genera muchas veces dudas o errores que pueden llevar a dificultades mayores.
Mito 10°: “En esta época esos mitos ya no existen ”.
Negar la existencia de los mitos anteriormente enumerados, alegando que en esta época están derrotados, es otro mito. Se basa en suponer que el destape nos ha hecho superar años y años de represión y desinformación. El “yo lo se todo, yo no tengo inhibiciones” puede ser muy nocivo porque cierra las puertas del aprendizaje.
Reconocer la existencia de estos mitos es una forma de empezar a superarlos. El objetivo: tener una sexualidad más libre, más alegre y, seguramente, mas placentera.
Lic. Diana M. Resnicoff. Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.
TE: (54-11)4831-2910
E-mail: [email protected]
Página Web: www.e-sexualidad.com
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