Ahora proponen controlar a los más chicos con microchips

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  • La desaparición de Madeleine McCann, la niña británica que habría sido secuestrada de un hotel de Portugal mientras sus padres cenaban en un restaurante del complejo, disparó la paranoia.
  • La posibilidad de utilizar microchips para conocer permanentemente el paradero de los hijos es una opción que genera un gran debate ético.

La ola de pánico que desató la desaparición de Madeleine McCann, la niña británica que habría sido secuestrada de un hotel de Portugal mientras sus padres cenaban en un restaurante del complejo, provocó un gran incremento en la demanda de dispositivos electrónicos de detección remota, que vienen insertados en celulares, gorras, pulseras, brazaletes y hasta baberos.

Según el diario La Nación, Connect Software es una de las firmas que ofrecen por Internet una línea completa de prendas para bebes ( ToddlerTag Smartwear) que llevan bordado un chip, del tamaño de una ficha de dominó, que emite una señal de radiofrecuencia (RFID). Haciendo clara referencia a la desaparición de Madeleine, el lema de la compañía es “No deje que esto le ocurra a usted”.

El equipo cuesta entre 700 y 1500 dólares y tiene una batería que dura cinco años, pero sólo funciona en el espacio reducido en el que estén instaladas las antenas receptoras, las cuales se encargan de dar la alerta cuando la señal se debilita.


    Un simple babero -bordado con un chip del tamaño de una ficha de dominó- puede convertirs en un efectivo ratreador. 

Aunque el director comercial de la compañía, Chris Reid, afirma que el sistema fue creado para ser utilizado en jardines de infantes, muchas familias ya lo han encontrado "sumamente útil" para aprovechar la protección electrónica "en sus hogares, en sus lugares de trabajo y hasta cuando salen de visita a lugares públicos como parques de diversiones".

Por otro lado, la firma Globalpoint Technologies ofrece a los padres un "compañero personal" -que puede ser colocado en un osito de peluche o un reloj pulsera- que combina la tecnología de los teléfonos celulares con la de navegación satelital (GPS) y que permite establecer exactamente dónde se encuentra su hijo durante las 24 horas. Y si bien la aplicación en nueva, la tecnología no lo es: viene siendo utilizada desde hace varios años por el correo británico (Royal Mail) para monitorear el paradero de las bolsas de cada buzón.

En el caso de los chicos más grandes, entre 8 y 12 años, el celular parece haberse convertido en el dispositivo de rastreo por excelencia ya que, desde el momento en que está encendido -y siempre que tenga cobertura- es técnicamente localizable. Con nombres coloridos como Kids Ok y Teddy-fone, varias compañías telefónicas ya ofrecen a los padres ese servicio, así como otros más controvertidos como la posibilidad de poder escuchar y ver a distancia lo que sus hijos están haciendo sin que ellos necesariamente lo sepan.

Claro que el inconveniente –más allá de la duración de la batería y del alcance del dispositivo-, es que en el caso de un secuestro lo primero que van a hacer los delincuentes –alertados de la existencia de estos medios de localización-, es deshacerse de todos los objetos personales del pequeño.


Claro que los delincuentes pueden deshacerse de los objetos personales y dejar el babero o el osito con el chip muy lejos del paradero del niño.    

La firma norteamericana Wherify ha fabricado un reloj localizador que, asegura, tras ser colocado en el brazo de un niño es "imposible de ser removido". Muchos padres, sin embargo, temen que sus hijos sean víctimas de la reacción violenta de un delincuente al ver que no puede desembarazarse de ese ingenioso instrumento de rastreo.

La única opción segura consistiría en colocar un chip bajo la piel de cada pequeño y un  profesor de Cibernética de la Universidad de Reading, Ken Warwick,trabajó durante muchos años sobre esa idea. En 2002, tras el terrible asesinato de las niñas Holly Wells y Jessica Champan, ofreció implantar en un niño en forma gratuita, pero experimental, un microchip subcutáneo que envía señales a un ordenador que identifica dónde se encuentra del pequeño en un mapa. Danielle Duval, que entonces tenía 11 años, se ofreció como voluntaria, pero meses más tarde, tanto ella como Warwick decidieron ponerle fin a la experiencia.

"El proyecto generó muchas críticas por la pérdida de intimidad que parecía implicar. Estas son cuestiones éticas que, como científico, uno tiene siempre que tener en cuenta", dijo Warwick. Con respecto a los riesgos para la salud, Warwick, que probó el microchip en su propio cuerpo, niega que implique riesgos, pero admitió que el invento todavía tiene "sus desafíos", como el de recargar la batería. "Como la mayoría del tiempo el sistema se encuentra en stand by, gasta poca energía. Pero es cierto que, una vez por año, hace falta que el pequeño acerque su brazo a un recargador por un par de horas," aseguró.

Más allá de las cuestiones técnicas, surge el debate ético: algunos especialistas en protección infantil cuestionan la necesidad y efectividad de estos aparatos. "Es hora de que pongamos las cosas en perspectiva -planteó Michelle Elliot, directora de la organización defensora de los derechos del niño Kidscape-. En los últimos 25 años, de los 11 millones de chicos que tenemos en el Reino Unido, entre 5 y 7 fueron secuestrados y asesinados por un extraño cada año. Más de un 90 por ciento de los chicos que fueron abusados, lo fueron por miembros de su propia familia y muchas veces en el confín de sus hogares. Es cierto que en Gran Bretaña registramos más de 77.000 niños perdidos por año -más de 700.000 en Estados Unidos; unos 15.000 en España-, pero la gran mayoría son, en realidad, adolescentes de más de 14 años. En estas circunstancias, lo que se ofrece en el mercado no son verdaderas soluciones".


Las críticas sugieren que estos aparatos pueden bloquear el aprendizaje de la independencia de los niños, que se saben vivieno en una sociedad paranoica.    

La pedagoga hace hincapié, además, en la posibilidad de que estos aparatos bloqueen el desarrollo del sentido de independencia de los más pequeños. "Si cada vez que les pasa algo sus padres aparecen como por arte de magia para rescatarlos, jamás aprenderán qué hacer por si solos frente a un situación de peligro", indicó y alertó sobre el efecto negativo que puede tener sobre los más jóvenes el mensaje implícito "de saberse viviendo en una sociedad paranoica que sólo parece encontrar satisfacción en la vigilancia constante de cada individuo".

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