Antes del Efecto Obama, el Dalai Lama anunciaba que una mujer podría convertirse en su sucesor

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*Ahora que se hizo realidad lo que hace años parecía una utopía, es decir, la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca, y el mundo parece requerir cambios profundos en los liderazgos políticos, económicos, sociales y religiosos de la humanidad, es bueno recordar que hace casi un año el líder espiritual del budismo tibetano sorprendía con sus dichos avanzados por tratarse de un religioso.

El Dalai Lama hizo las siguientes declaraciones en Milán que recogió la agencia de noticias ANSA: “... el próximo Dalai Lama podría ser una mujer (...) si fuera mas útil una mujer el Lama podría reencarnarse de esa forma”,  completaba el concepto que no debería sorprender a nadie pero lo hizo, mostrando una apertura mental que no es común entre los líderes espirituales de la actualidad.

“Hombres y mujeres tienen igual derecho, y explicó también que  el décimo quinto Dalai Lama del Tibet podría ser reconocido mientras el décimo cuarto aún está vivo, “pues para la tradición tibetana existen reencarnaciones en vida”.



Pocos días antes, Tenzin Gyatso (nombre del Lama actual), había impactado con otra declaración que rompía las tradiciones de sucesión del budismo tibetano, afirmando que “... cuando mi estado psíquico se vuelva débil, entonces las preparaciones para un referéndum (que elija al sucesor) deberán ocurrir”.

Para que se entienda algo de que se trata esta historia. Dalai Lama significa algo así como Océano de la Sabiduría.  Los seguidores budistas –del Tibet, principalmente-,  lo denominan Su Santidad, La Gema que concede todos los Deseos,  y también simplemente le llaman Kundun, La Presencia.

La tradición tibetana en cuanto a elegir su líder espiritual tiene mas componentes místicos y sobrenaturales que cualquier otra manifestación religiosa. Si en el catolicismo al Papa lo elige un Cónclave de Cardenales, en el budismo –donde la reencarnación es parte esencial de la creencia- se busca a un niño en base a ciertas consideraciones, al que se cree el espíritu reencarnado del Dalai Lama fallecido. Al niño se le muestran pertenencias que fueron patrimonio del anterior Kundun junto con una cantidad de otros objetos, y si reconoce los que poseyó el Dalai Lama en su vida anterior, es ungido como la nueva Santidad del budismo tibetano.



La intensa educación religiosa a que son sometidos los elegidos para gobernar política y espiritualmente a los budistas del Tibet, produce por lo general ciertos rasgos estrictos de dogmatismos de los cuáles las nuevas Santidades no pueden despojarse fácilmente.

El 17 de noviembre de 1950, el actual Lama asumió de lleno la conducción política y espiritual de los tibetanos, después que 80.000 soldados del ejército maoísta chino invadieran el Tibet. Aún con la política despiadada aplicada por el régimen comunista a los pacíficos budistas tibetanos, el Dalai Lama siempre procuró alcanzar soluciones a través del diálogo y en contra de cualquier levantamiento (que los hubo, y varios) que produjera mas violencia. Instalado en la India donde gobernó desde el exilio, fue reconocido con el Premio Nóbel de la Paz.

Las peripecias, persecuciones y sus deseos de acceder a salidas no violentas en el conflicto permanente con Beijing, hicieron del Lama una figura muy particular cuya niñez quedó reflejada en el film “Siete años en el Tibet”.

Sus expresiones recientes sobre la posibilidad que una mujer acceda al liderazgo del budismo tibetano y su apertura a un referéndum donde todo el pueblo budista pueda participar en la elección de su próxima Santidad, es apenas un punto de partida, una apertura hacia nuevos horizontes menos dogmáticos y mas acordes con una participación pluralista en el manejo de las cuestiones espirituales.

Es cierto que también en las estructuras budistas existen ciertos recelos hacia la consideración de estos nuevos caminos de participación que propone el actual Kundun.
Pero al menos el Lama dio el puntapié inicial a un cambio, algo que no es poco. Y muchos antes que apareciera en el firmamento los vientos de cambio que algunos llaman hoy el Efecto Obama.

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