No hay nada que pese más que la palabra de un hombre, sobre todo si tiene en sus manos la reputación de un país. Por eso, el presidente de los estados Unidos, Barak Obama, pagó la apuesta que le había hecho a su par canadiense, y con creces: 48 cervezas botellas de cerveza.
Los mandatarios habían apostado por cuál de los dos países ganaría la final de hockey sobre hielo en los Juegos Olímpicos de invierno, celebrados en Vancouver hace un mes. Después de que Canadá venciera a los Estados Unidos por 3 a 2, era claro que Obama debía cumplir con el acuerdo e invitarle un trago al su par canadiense, de la marca de cerveza que éste eligiera.
Claro, que en el caso de dos jefes de Estado no basta con comprar un vaso: hay que enviar 24 botellas. Así, el embajador estadounidense en Ottawa, David Jacobson, se presentó ayer en la residencia del Primer Ministro del Canadá, Stephen Harper, con 48 botellas de cerveza, la mitad de la marca elegida por el ganador de la apuesta y la otra, como un gesto de “rencor” por parte de Obama.
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Jacobson entregó a Harper 24 botellas de Molson Canadian, una cerveza originaria de ese país del norte y por consiguiente la elegida por el Primer Ministro. Pero además, Obama envió la misma cantidad de litros de la cerveza más antigua de los Estados Unidos, Yuengling, cortesía del presidente demócrata, quien se declaró gran aficionado a ella.
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“Para demostrar que existe rencor, el presidente ha añadido una caja de Yuengling”, explicó Jacobson a Harper. Al parecer, tantos los presidentes como sus funcionarios se tomaron muy a pecho la final de hockey sobre hielo.
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