"Sueño un Papa que se presente como hermano de todos"
Eduardo de la Serna, coordinador del Movimiento de Sacerdotes en Opción por los pobres analiza la renuncia del Papa Benedicto XVI, recuerda a Juan Pablo II y expresa sus anhelos de cara al nuea etapa que se abre.
La renuncia de Benedicto XVI, aunque sorprendente por el momento, figuraba dentro de las posibilidades que le reconocíamos. Y eso, debemos reconocerlo, habla bien de él. Ya hemos escrito en otra parte que preferiríamos que el Papado "durara" un tiempo. Que "deba" haber Papa no implica que "deba" ser perpetuo. Y –al menos hoy por hoy- para que dure ese "tiempo", el Papa debe renunciar.
Muchísimos desafíos debe enfrentar un Papa en nuestro tiempo (como lo muestra la duda y finalmente renuncia en la película "Habemus Papa"). Incluso muchos desafíos que el Papa renunciante nunca parece haber notado. La realidad de la pobreza siempre parece haberle sido ajena. Mirar el mundo "sólo" desde Europa (o desde Bavaria, para ser más precisos) no parece algo justo en quien debe "pastorear" a la Iglesia universal (eso quiere decir "católica").
La importancia creciente del catolicismo en África y Asia, contrasta obviamente con la descristianización de Europa; en los documentos papales recientes la palabra "América" figura sólo ¡¡¡una vez!!!, y para hablar del "Descubrimiento de América" (sic). La misma elección del nombre "Benedicto" aludía al "Papa de Europa" tras la primera gran guerra (que el Norte llama Mundial), y a San Benito de Nursia, "patrono de Europa".
¿Llegará la hora de un Papa del Tercer Mundo? En lo personal, no me preocupa tanto "de donde viene" sino "a dónde va". Hubiera preferido al Cardenal Martini (italiano) que a López Trujillo (colombiano) en el pasado Cónclave; y sueño un Papa que sea "padre del huérfano y de la viuda" como dicen los Salmos que es el mismo Dios; que anuncie con alegría y sencillez "buenas noticias a los pobres", como decía y hacía Jesús de Nazaret. Sueño un Papa despojado de títulos nobiliarios y coronas, de palacios y jefatura de Estado. Sueño un Papa que se presente como "hermano de todos". Es más: un viejo teólogo decía que ser hermanos es lo propio de toda la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento); lo propio de los cristianos es ser "hermanos" pero la cosa se empezó a deformar cuando se empezó a hablar de "Papa" (J. Ratzinger). ¿Llegará la hora? ¡Dudo! ¡Deseo!
fuente: blogeduopp.blogspot.com
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