Celebración extrema: crucifixión real al ritmo de Led Zepellin
*En Filipinas, miles de fanáticos soportaron el calor, el polvo, la sangre y la aglomeración para contemplar un rito que terminó con la crucifixión de siete hombres.
*Los servicios médicos tuvieron que atender a los participantes porque para hacer todo como Dios manda se clavaron los pies y las manos.
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Desde hace años, la influyente Iglesia Católica de Filipinas no se anima a participar en estos espectáculos tan extremos, pero tampoco los condena.
Una vez allí, Enaje y sus seis compañeros fueron despojados de la túnica y dejados en taparrabos antes de ser “clavados” y levantados durante unos cinco minutos, máxima expresión del testimonio de fe. Acto seguido fueron atendidos por los servicios médicos, que les curaron las heridas en manos y pies de los clavos de 10 centímetros de longitud, empapados en alcohol para evitar infecciones.
Los "fanáticos" tuvieron que ser atendidos por los servicios médicos, que les curaron las heridas en manos y pies de los clavos de 10 centímetros de longitud.
Davor Simic, fotógrafo croata que está de vacaciones en Filipinas, no quiso perder la oportunidad de tomar instantáneas del martirio, que calificó de "auténtico espectáculo". "Es increíble poder ver algo como esto en pleno siglo XXI", manifestó mientras levantaba su cámara por encima de las cabezas de la muchedumbre para poder captar el instante en que comienzan a izar las cruces con los penitentes clavados.
Pero no todos lo disfrutaron tanto, especialmente las decenas de personas que tuvieron que ser atendidas por los servicios médicos por deshidratación e insolaciones, y muchos visitantes se quejaron de la falta de organización y las dificultades para acceder al recinto principal, plagado de tenderetes y puestos de comida.
Las crucifixiones de San Pedro de Cutud, pequeña ciudad situada 70 kilómetros al norte de Manila, capital de Filipinas, son sólo una de las numerosas manifestaciones de fervor religioso y tradición que proliferan por todo el archipiélago filipino durante la Semana Santa. Desde hace años, la influyente Iglesia Católica de Filipinas no se anima a participar en estos espectáculos tan extremos, pero tampoco los condena.
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