Así en la tierra como en el cielo, una invasión argentina tiene desconcertados a los vecinos de varias ciudades españolas: se trata de cotorras de la especie Miopsitta Monachus, de llamativo plumaje verde y pico amarillo, que fueron llevadas por los urbanistas como una atracción simpática y terminaron siendo una plaga.
Por ejemplo, sólo en Barcelona habitan unas 2.500 cotorras en los árboles de la ciudad, y su colonia crece un 8 por ciento por año. Los pájaros entraron en el mercado español como una alternativa más barata a loros u otras especies de pájaros exóticos, y mucha familias las adquirieron sin tener en cuenta su temperamento o sus cualidades.
Por eso, al dejar en libertad a las aves porque ya no querían mantenerlas, los propios españoles lograron que se asentaran sin control alguno, y que se reproduzcan al punto de alterar la vida cotidiana de las ciudades donde habitan.
Además de ser vistosas, las cotorras resultan ruidosas y no pertenecen al ecosistema original del país ibérico, y destruyen la vegetación con tal de conseguir ramas para construir sus enormes nidos, que pueden llegar a pesar hasta 150 kilos. Por eso, ponen en peligro a los transeúntes, ya que pueden vencer con su peso las ramas de los árboles, hasta el punto de caerse a la calle.
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"Aunque resulte un animal bonito o simpático, son invasores", Joan Carles Senar, jefe de investigación del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona. De hecho, una bandada de cotorras puede llegar a comerse el 80 por ciento de un sembrado a las afueras de la capital catalana, según registros locales.
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