Compraron un kiosco con sus ahorros para darle trabajo jóvenes que viven en la calle: "Hay que dar empleo a las personas que tenemos al lado"
Cuatro amigos de Madrid reabrieron un negocio que además de café, ofrece una oportunidad laboral a los más vulnerables.
El quiosco funciona también como espacio de encuentro barrial. Foto de COPE.
En el corazón del distrito de Arganzuela, en Madrid, España, un pequeño kiosco reabrió sus puertas con una misión que va más allá de vender diarios y café. Se trata del proyecto Somos Talita, una iniciativa que busca transformar vidas ofreciendo oportunidades laborales a personas en riesgo de exclusión social, como personas sin hogar, víctimas de violencia o migrantes sin red de apoyo.
El proyecto fue creado por dos matrimonios amigos que decidieron invertir sus propios ahorros para abrir un comercio con impacto comunitario. La idea surgió después de varias conversaciones sobre la dificultad que enfrentan muchas personas para acceder a un empleo estable.
Lejos de apostar por un modelo de negocio convencional, los impulsores eligieron darle prioridad a quienes suelen quedar afuera del mercado laboral, como personas sin hogar, migrantes o víctimas de violencia.
La historia de Abdul, el joven que consiguió trabajo
La iniciativa rápidamente llamó la atención dentro del barrio porque combinó algo simple: trabajo cotidiano y cercanía humana.
El primer beneficiario de esta oportunidad es Abdul, un joven marroquí con una historia difícil que le llevó a dormir en la calle durante muchas noches a su llegada a España. Gracias a la colaboración con la organización Mundo Justo, los fundadores de Somos Talita encontraron en él el perfil que buscaban para el puesto, una persona con un gran deseo de tener algo propio.
Para Abdul, el kiosco es más que un trabajo, ya que le ha permitido tener una vida normalizada: por las mañanas trabaja, por la tarde practica boxeo, se está sacando el carnet de conducir y tiene novia. "Está teniendo una vida, pues, como la que tenemos nosotros, una vida normal", comentó uno de los fundadores del proyecto.
Un punto de encuentro
Además de ser una fuente de empleo, el kiosco se ha convertido en un punto de encuentro para los vecinos de Arganzuela. Los fundadores destacan que es un lugar donde "las personas mayores se sienten queridas" y que ayuda a combatir la "deshumanización de las ciudades tan grandes". La iniciativa busca "volver a lo sencillo, volver al lugar donde eres Abdul, donde eres el de enfrente, no eres un número más".
La inspiración del proyecto, según relató Jesús García Melgares, se aleja del concepto tradicional de voluntariado. "Jesucristo no trabajaba por causas, sino por personas", afirma, explicando que su relación con Abdul no es de superioridad, sino de fraternidad. "No hacemos voluntariado, con Abdul, aunque no le conozca, es mi hermano, y también le quiero", añadió.
El objetivo a largo plazo es escalar el negocio con la venta de café para llevar y libros de segunda mano para poder contratar a más personas.
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