Henrique Capriles, el opositor que mutó su piel
Es joven y siempre lo fue: en política desde los 25, tiene 40 años y ya ha ganado cinco elecciones. Mutó de opositor furioso a chavista crítico.
Henrique Capriles Radonski tiene 40 años y dicen que es una virtud. Que su juventud lo mantiene alejado de viejos vicios de la política venezolana. Que no es extremista sino un pragmático abogado formado en la universidad en busca de una salida prolija a 14 años de chavismo. Él alimentó esa idea con discursos repletos de formalidad y apuntando al corazón de las clases medias: salven a la república, sálvenla de la corrupción y la inseguridad.
Pero algo fue cambiando al interior del líder opositor del partido Primero Justicia. Desde la muerte del presidente Hugo Chávez, su discurso sintió el impacto del apoyo popular en los funerales. Reivindicó al extinto líder, se calzó el traje con los colores de Venezuela y se subió a una disputa por la herencia. Incluso llamó Simón Bolívar a su centro de campaña. Una osadía en las narices de quienes reconocieron en Hugo Chávez una reencarnación del libertador.
Radonski es joven. Siempre lo fue. Nació el 11 de julio de 1972 y a los 26 años llegó a diputado. En 2000 ya era alcalde de Baruta, donde fue reelecto hasta 2008. Al término de su mandato, con 36 años, venció a uno de los máximos referentes del chavismo, Diosdado Cabello, en las gubernamentales del céntrico Estado de Miranda, uno de los más relevantes del país. Su ascenso político sólo se detuvo en 2012, cuando perdió la elección presidencial con Hugo Chávez.
El 44% de los votos obtenidos en ese entonces -y la derrota- lo empujaron nuevamente a la gobernación. Retuvo el cargo a fines de 2012, en una elección reñida con el referente chavista y hoy canciller de Venezuela, Elías Jaua. Se colgó, entonces, una de sus mayores medallas: es el hombre que más elecciones ganó en la oposición; el que ha vencido al chavismo no una, sino dos y hasta tres veces.
Se formó como abogado especialista en derecho tributario y buscó trabajo: primero en las empresas familiares, luego fuera. Trató de mantenerse alejado de los comercios –medios de comunicación o salas de cine- de sus padres. También de su postura elitista, de clase alta caraqueña. Nunca se ha casado y tampoco tiene hijos, pero está de novio con la modelo y periodista Caterina Valentino.
Este joven abogado, imagen de éxito y sobriedad, descendiente de abuelos de origen judío que fueron víctimas del campo de exterminio de Treblinka o sobrevivientes en Varsovia, se declara católico practicante. Todos en Venezuela lo hacen. Al menos los que apuntan a la presidencia.
Como Chávez, tiene también su historia de prisión. Tras el golpe de Estado que sacó del poder al fallecido presidente por dos días en 2002, Radosnki fue acusado por no defender la Embajada de Cuba, que había sido atacada por opositores al chavismo en la zona donde él era alcalde. Pasó 119 días en prisión y luego fue sobreseído.
Su pragmatismo lo ha vuelto bolivariano. No duda en reconocerlo, en colgarse sus ropas, en predicar el sostenimiento de los planes sociales de Chávez. Dice que Maduro está acabando con el legado del líder.
Por Brian Majlin
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