Avanza en EE.UU. la prohibición de propinas en restaurantes

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Las iniciativas de varios empresarios gastronómicos y el aumento del salario mínimo en muchas ciudades comenzaron a cuestionar seriamente el sistema de dar el tradicional "extra".

Una serie de cambios recientes están sentando las bases para un giro radical en la manera en la que operan los restaurantes en norteamérica.

Esta última semana el magnate de la restauración Danny Meyer, decretó por ejemplo terminar con las propinas en sus trece establecimientos, y puso sobre la mesa otra vez el tema, ya que no es el primero que toma esa decisión.

Otros ya hicieron lo mismo, sin embargo el éxito de los negocios de Meyer, la fama de varios de ellos -como los neoyorquinos Gramercy Tavern y Union Square Cafe- y su perfil como gran renovador de la industria pesan mucho en el sector.

Según el director del grupo Union Square Hospitality, el cambio parte de la voluntad de remunerar adecuadamente y ofrecer una carrera atractiva a sus 1800 empleados.

"Cada vez tenemos más claro que un gran obstáculo en este intento es la práctica de dar propinas"
, aseguró Meyer en una carta publicada ayer miércoles.

Habitualmente, los empleados de comedor de los restaurantes estadounidenses perciben un sueldo fijo muy bajo para los estándares del país y luego lo completan gracias a las propinas. Esa situación hace que, a diferencia de otros lugares, en Estados Unidos la regla general sea añadir entre un 15 y un 20 por ciento del total de la cuenta para el camarero a la hora de pagar.

El sistema está tan arraigado que incluso la legislación prevé un salario mínimo por debajo del habitual para los trabajadores de puestos donde se esperan propinas.

LA TENDENCIA

Los pocos restaurantes que se han atrevido a hacerlo por ahora optan principalmente por subir los sueldos fijos y compensarlo a través de dos opciones: añadir a la cuenta un cargo por servicio o, como ocurre en otros continentes, repercutir todos costos en los precios del menú.

La mayoría de los restauradores, sin embargo, siguen siendo reticentes a esta tendencia que empieza a querer instalarse, por diversos motivos.

Uno de los temores más comunes es que los precios más altos en el menú espanten a los clientes, mientras que otros consideran que los estadounidenses no comprenderían de entrada el nuevo sistema y, también, los hay que apuntan a que son los propios empleados los que no quieren cambiar.

Gracias a las propinas, de media los camareros en una ciudad como Nueva York ganan unos 40.000 dólares anuales, pero en los restaurantes más caros esa cifra puede superar fácilmente los 100.000 dólares anuales.

A la iniciativa para terminar con la propinas contribuyen también los aumentos del salario mínimo decretados en varias grandes ciudades, que están provocando grandes cambios en el sector hotelero y empujando a los restaurantes a repensar la remuneración.

En Nueva York, por ejemplo, está previsto un aumento del mínimo que reciben los trabajadores con propinas superiores a la general, lo que aumentará aún más la diferencia con los empleados de cocina.

Por ley, también se elevará en los próximos años hasta 15 dólares la hora el sueldo mínimo de los trabajadores de las cadenas de comida rápida. Por lo que si no hay cambios, muchos restaurantes se enfrentan a la posibilidad de que sus cocineros opten por pasar a preparar hamburguesas a cambio de un salario mejor del que reciben ahora.

La solución, para Meyer y para un buen número de adeptos, pasa por terminar con las propinas y garantizar salarios más igualitarios para todos los empleados.

Otros, sin embargo, consideran que no será fácil persuadir a los camareros, que temen ver reducidos sus ingresos, ni a los clientes estadounidenses, acostumbrados a expresar con propinas más o menos generosas su satisfacción con el servicio.

Habrá que ver si la moda llega hasta la Argentina, donde siempre existió la cultura de dejar un 10% de propina a los mozos, aunque tras la crisis del 2001 esa costumbre se vio desvirtuada por los vaivenes económicos que sufrió el país.

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