Jornada histórica: millones de colombianos protestaron contra los secuestros y la violencia
COLOMBIA
Por EFE
También, unas horas antes, el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, dijo en Neiva, que ése clamor nacional "es el golpe político a las FARC más contundente en su historia".
A la protesta se sumaron colombianos de toda condición: artistas plásticos, obreros, partidos políticos, deportistas, amas de casa, estudiantes, actores, cantantes, periodistas y miles de funcionarios de todas las ramas del poder público.
Y al menos 11 millones de trabajadores protestaron en las mismas fábricas mientras otros millones de operarios y obreros "salieron a las calles para exigir la liberación de las personas que se encuentran en poder de las FARC" y otros grupos terroristas y de la delincuencia.
Así lo reveló el presidente de la Asociación Colombiana de Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi), Juan Alfredo Pinto.
En las calles abarrotadas, miles de personas cantaron consignas como "Basta", "No más secuestros" "Intercambio humanitario", o, "Libérenlos ya".
Llevaban las fotografías de hijos, padres, hermanos u otros familiares a quienes no ven, en muchos casos, desde hace años.
En Bogotá, igualmente, desfilaron en medio de muchedumbres, las madres de Íngrid Betancourt y de Clara Rojas, candidatas a la presidencia y a la vicepresidencia, respectivamente, del Partido Verde Oxígeno, en poder de las FARC desde febrero de 2002.
La madre de Clara Rojas se declaró "conmovida" con la manifestación pública e insistió en la búsqueda del acuerdo humanitario para que sean liberadas su hija y su nieto Emmanuel, de tres años, y que nació en cautiverio.
Al mediodía local (17.00 GMT), Colombia se paralizó y mientras en algunos lugares fueron ofrecidos "minutos de silencio", en otros una gran silbada y el retumbe de pitos, tambores y las bocinas de autos, se sumaron a la protesta "para que las FARC escuchen ese clamor en las selvas y montañas", declararon algunos manifestantes.
Simultáneamente, en una carretera del departamento del Valle, suroeste, avanzaba sudoroso, con la piel curtida por el sol, sus pies llenos de ampollas, con las manos atadas con una cadena, el profesor Gustavo Moncayo, que el pasado 18 de junio salió a pie de Pasto, capital de Nariño, extremo suroeste, para concluir en Bogotá.
El profesor inició su travesía de un poco más de 800 kilómetros para pedir por el acuerdo humanitario, por el que su hijo, el cabo Pablo Emilio Moncayo, secuestrado en diciembre de 1997, pueda regresar a casa.
Los colombianos marcharon por el cabo Moncayo como por Emmanuel, el niño que nació con su madre secuestrada. Por Ingrid Betancourt, pero también por las decenas de soldados, policías, y por los tres estadounidenses en manos de las FARC. EFE
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