La desgarradora despedida al argentino que murió practicando surf en la Isla de Pascua: "La ola eterna"
Yamileth Pasmiño, pareja del marplatense que murió practicando surf en el mar chileno, publicó un sentido posteo para quien era conocido como "el Che".
Gonzalo Balado, junto a su pareja. El argentino murió ahogado en la Isla de Pascua.
Tras conocerse la noticia de que Gonzalo Balado, un argentino radicado en la Isla de Pascua, murió ahogado mientras practicaba surf junto a dos amigos, comenzó a circular también el postro de su pareja, Yamileth Pasmiño, con quien "el Che" -tal como lo llamaban en aquel lugar- vivía en territorio chileno.
Cabe señalar que la conmoción por su partida se trasladó de inmediato a las plataformas digitales, donde personas cercanas y seres queridos le dedicaron palabras de afecto, recordando especialmente su profunda devoción por el mar y su destreza en las aguas de Rapa Nui.
No obstante, el testimonio más conmovedor fue el de su compañera, Yamileth, quien le dedicó unas sentidas palabras a través de su cuenta de Instagram: "Qué privilegio ser amada por vos. Te fuiste a surfear la ola eterna y ahora acompañarás por siempre mis viajes, pero desde otro plano".
En esa misma publicación, cerró su despedida remarcando la huella que dejó: "Gracias por el mar de amor que dejaste en todos nosotros. Eso no lo hace cualquiera".
Quién era Gonzalo Balado, el surfista argentino que murió practicando surf en la Isla de Pascua
Para la comunidad local de Rapa Nui, Gonzalo Balado no era un visitante más; era "El Che" o simplemente "Gonchi", un marplatense que tiempo atrás decidió echar raíces en el corazón del Pacífico. En la isla logró consolidar su proyecto de vida junto a su compañera, Yamileth Pasmiño, con quien compartía tanto el cotidiano como la gestión de un pequeño establecimiento gastronómico.
Más allá de su labor entre fogones, su hábitat natural era el océano. Balado gozaba de un amplio reconocimiento en el ambiente del surf por su destreza y aplomo ante las marejadas de gran escala. Cada espacio libre en su rutina se convertía en la excusa perfecta para adentrarse en el mar y desafiar las imponentes olas del litoral insular, la misma pasión a la que estuvo dedicado hasta sus últimos minutos.
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