A Roma le cuesta US$7.500.000 limpiar sus calles de chicles, a razón de poco más de US$1 por cada goma masticada, lo que significa una preocupación creciente en Italia y la elaboración de propuestas de todo tipo, como ir a la búsqueda de los mayas.
Los datos los hizo públicos la empresa que se encarga de la limpieza diaria de la antigua “capital del mundo”, Ama, quien especificó que de los 300.000 chicles que se consumen por jornada, 15.000 terminan en el suelo.
Para graficar el problema, la empresa aseguró que si los chicles consumidos durante un año no se recolectaran ocuparían una superficie de 3.650 metros cuadrados, es decir, la superficie del escenario del Coliseo.
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En Italia rige una ley que condena con el pago de US$70 a quien arroje en el suelo cualquier tipo de basura. Sin embargo, para el presidente del Ama, Piergiorgio Benvenuti, la cifra no es suficiente.
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"Es importante que los ciudadanos asuman comportamientos correctos", sostuvo Benvenuti y añadió que "es una buena costumbre dejar los chicles en su envoltorio (una vez masticados) para evitar que se peguen a las paredes" o escalones.
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La composición sintética de los chicles y el empleo de una goma adherente en su elaboración hace que éstos sean resistentes también al aire y al agua, y que tarden cinco años en desaparecer.
Por eso, a los expertos se les ocurrió revisar la Historia para indagar prácticas más saludables al respecto, y llegaron a la conclusión que sería buen regresar a los chicles biodegradables, como los que masticaban los mayas, que se servían del látex de plantas fluviales para realizarlos.
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