Fruto de la crisis en la madre patria, el fenómeno copó las principales esquina de Barcelona y hay quejas.
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En las principales esquinas de la Ciudad o del Conurbano, los limpiavidrios son plaga. Algunos buscan el mango con educación y respeto, y otros con prepotencia. Pero esta costumbre que parece bien argenta ya cruzó el Atlántico y se instaló en la madre patria.
En Barcelona, el fenómeno tuvo su pico años atrás, pero con una ordenanza que obligaba a pagar hasta 1.125 euros de multa lo mitigó. Sin embargo, las esquinas catalanas comienzan a llenarse nuevamente de los limpiadores de vidrios.
“Aprovechan cuando el semáforo se pone en rojo para dar lustro a los vidrios de los automóviles -la mayoría de veces sin permiso del conductor- , suelen actuar en solitario, en pareja y ocasionalmente en grupo”, los caracteriza el diarioLa Vanguardia.
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La proliferación de esta práctica a mediados de la década pasada “se convirtió en un problema para los conductores y autoridades, hasta el punto de que era extraño circular por Barcelona sin ser asaltado en un cruce u otro de la ciudad”, recuerda el diario y remarca: “En algunos casos, los conductores eran amenazados, coaccionados e, incluso, robados o agredidos cuando se negaban a pagar por un servicio que no habían demandado”.
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La misma postal se repite en la Ciudad de Buenos Aires y, sobre todo, en el Conurbano bonaerense; y como aclara el diario español, no todos los casos son iguales.
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Las razones de este fenómeno se encuentran en la crisis, que “crisis ha hecho reaparecer esta práctica ilícita”, cita la publicación.
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