Los millones del narcotráfico y la extraña relación entre las FARC y una canción de los "Redonditos"

Mundo

De los 350 combatientes que se iniciaron en 1966, llegando a 1500 hombres en 1982, se les contabilizó (así lo dice la historia oficial, pero... ¿quién censó a las FARC para dibujar estos números en las páginas de la historia) 5000 en 1990, casi 17.000 en el 2000 y ahora se dice que entre muertes, ejecuciones y desertores el grupo que aún comanda Marulanda dispone de casi 10.000 combatientes,  con 400 cuadros altamente especializados.

Más de 600 campamentos móviles se distribuyen en la selva cercana a las fronteras llevando consigo armas de última generación que por su composición metálica y la expansión del calor que irradian deberían ser captadas por cualquier sistema satelital aún de generaciones anteriores a las ultrasofisticadas actuales.

Como decíamos anteriormente, algún designio secreto se maneja en los hilos del poder para que semejante arsenal humano y tecnológico aún se movilize con entera libertad pese a que la retórica política hable de terminar con el sufrimiento que imponen las FARC a cualquiera que se cruce en su camino.

Marulanda dijo alguna vez que su ideal era reclutar 28.000 combatientes pues con esa cifra estaba en condiciones de enfrentar al ejército regular colombiano y llegar a la toma del poder.

Pero hay otras cifras que ni las FARC ni sus defensores a ultranza (incluso los muchos que pululan en la Argentina) se atreven a reconocer públicamente, y es el vínculo entre la fuerza de Marulanda y el narcotráfico y las cifras fabulosas que manejan, que junto a los ingresos por secuestros extorsivos hacen de este grupo una verdadera multinacional del crimen organizado.

Si en un principio las FARC cobraban un “impuesto revolucionario” a los narcotraficantes, que les valió un rédito a principios de los 80 de algunos cientos de millones de dólares, después que cayeron los dos grandes Cárteles (de Medellín y de Cali), la gente de Marulanda se hizo de casi todo el negocio de producción y comercialización de cocaína.

De los 140 millones de dólares por año que las FARC cobraban inicialmente del “bussines” de la droga,  las cifras actuales son difíciles de cuantificar. Un poco menos de 200.000 hectáreas de sembaradío de hojas de coca, casi 700 laboratorios ilegales y fuentes de distribución en las plazas principales del mundo hacen de esta organización tan sospechosamente indestructible que gerencia Marulanda una gran corporación que nada tiene que envidiar a las que cotizan en la Bolsa de Wall Street.

En sus secuestros (unos setecientos en lo que va del siglo) cotizan el rescate según el personaje entre 5000 y 100.000 dólares, salvo los de origen político con los cuáles la negociación corre por otro carril.

La monumental masa de dinero que movilizan cuenta entre sus filas con asesores financieros, bancos en todo el mundo, contadores, estudios de abogados y cuerpos gerenciales instruídos e ideologizados en el mismo ideal capitalista que las FARC dicen combatir.

Actualmente se sabe que algunos de sus jefes cuidan las inversiones paseando por el mundo con identidad venezolana, gracias a la alianza económica mas que política que une a las FARC con Hugo Chávez.

Y una curiosidad para pintar el final de esta historia: Los Redonditos de Ricota grabaron hace mas de diez años un tema incluido en el CD Luzbelito, llamado enigmáticamente “Me matan limón” (... me matan Limón, me la dieron Limón.. por los techos vienen bloques... otra vez”).  ¿A que viene “Me matan Limón” con la historia de las FARC y saber que esa canción sigue siendo muy popular en Colombia, donde la banda argentina nunca fue a tocar?

Resulta que Limón no fue otro que Alvaro de Jesús Agudelo, guardaespaldas, jefe de los sicarios y hombre de confianza del jefe del Cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, que estaba junto al líder narco cuando fue abatido en 1993. Cuando huyeron aquel día de los llamados “Bloques de Búsqueda” por los techos de la casa donde estaba refugiado Escobar, primero fue abatido “Limón” y cuando la ráfaga de ametralladora alcanzó al jefe narco, se le escuchó gritar: “Me matan Limón”...

Ese mismo personaje, Alvaro de Jesús “Limón” Agudelo, había sido durante algún tiempo el contacto entre Pablo Escobar y “Tirofijo” Marulanda cuando las FARC negociaban el impuesto a la cocaína con los lideres de los carteles de la droga colombiana.

Aunque a Marulanda lo retrató Fernando Botero, el artista mas famoso de Colombia, la pintura no puede esconder la tenebrosidad de este personaje cuyas atrocidades –junto a las morisquetas políticas de Hugo Chavez- siguen poniendo en riesgo la paz en el Continente.

Dejá tu comentario