"Muchos actuaron de una manera que Hitler no habría aprobado nunca"
* "Está claro que pasaron cosas terribles. No hay excusa posible. Hubo campos de concentración. Eso no se puede negar", admitió.
NAZIS 3
Por EFE
En cuanto a Stauffenberg, el autor del frustrado atentado contra Hitler, sostiene que era "un cobarde. En eso tenía razón Hitler: 'eso lo puede hacer hasta el personal de cocina, poner una bomba y salir corriendo'".
El guardaespaldas del dictador nazi comenta que habría sido mas fácil atentar contra Hitler "en el frente. Ahí hasta podían haberle secuestrado, ya que sólo le acompañábamos tres hombres" cuando inspeccionaba las líneas.
Misch asegura que Hitler "nunca, nunca" visitó un campo de concentración y que el tema de los campos de exterminio como el de Auschwitz "jamás se trató en el círculo estrecho en torno a Hitler. O era absolutamente secreto o sus colaboradores no querían que lo supiera".
"Había muchos Hitler, no solo uno. Y yo creo que los muchos Hitler actuaron de una manera que Hitler no habría aprobado. El primer Hitler a su espalda era Himmler. Y este estaba en todas partes", afirma el antiguo sargento de las SS.
Seguidamente subraya que "de ninguna manera" pretende negar el Holocausto y que "ahora estoy bien informado. Está claro que pasaron cosas terribles. No hay excusa posible. Hubo campos de concentración. Eso no se puede negar. Esos crímenes fueron cometidos, crímenes crueles, increíbles".
Rochus Misch asegura que Hitler "no estaba loco. Hasta el final. Y la cabeza la tenía bien clara (...) Hitler sabía bien lo que decía. Sí que estaba delicado, eso no se puede negar, y también le temblaba la mano. No de manera exagerada, pero cada vez más."
En cuanto a los últimos días del dictador en el búnker, recuerda que el 22 de abril Hitler anunció al personal que le acompañaba que la guerra estaba perdida", comunicó su decisión de quedarse en Berlín y dio permiso a la gente para abandonar el refugio, aunque Misch permaneció hasta el final.
Asimismo detalla la escena que vio el 30 de abril de 1945 tras el suicidio de Hitler, que "tenía la cabeza sobre la mesa, mientras Eva la tenía ladeada. Ya no recuerdo bien ¿estaba sentado en el sofá o en un sillón al lado? Pero sigo viendo a Eva, con las rodillas encogidas hasta el pecho".
Aunque pensó en escapar entonces, "permanecí como fiel sirviente de mi jefe en el búnker" y no se marchó hasta que Josef Goebbels, el ministro de Propaganda nazi, le dijo el 2 de mayo que "ya no me necesitaba" y que podía partir.
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