*Aunque la literatura colombiana haya ganado popularidad gracias a la trayectoria del escritor, sus compatriotas no lo quieren. *Entre amores y odios, la cólera llegó a su pueblo natal y no hay nada de amor hacia el escritor.
Como si se tratase de una de las rebeliones del coronel Aureliano Buendía, Macondo se levantó contra uno de los ciudadanos más ilustres y lo criticó por no haber donado plata al lugar. Aunque fue Gabriel García Márquez quien hizo popular a Aracataca (su verdadero nombre) y le llevó a Colombia un Premio Nóbel de literatura; sus compatriotas lo defenestran a la hora de hablar de él.
41 años atrás, llegaba a las librerías la primera edición de Cien años de soledad, uno de los títulos más vendidos y consagrados de la literatura latinoamericana. Con él, la descripción de un típico pueblo colombiano que encontraría su verdadera inspiración en Aracataca, lugar de nacimiento del escritor.
Sin embargo, un contradictorio Aracataca no se casa con los logros de Márquez. Es que por más que ellos denuncien que el escritor jamás invirtió un centavo en el pueblo (como si hubiese sido su obligación), los pueblerinos le critican al también periodista que el dinero recibido por el premio Rómulo Gallegos fue destinado a un partido de izquierda.
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“Cuando él ganó el premio ése en Venezuela, donó el dinero a los izquierdistas”, denunció uno de los vecinos sin ningún tipo de pudor. Como si el mero hecho de que el pueblo haya inspirado al autor significara una división de igual a igual por los ingresos generados.
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En un intento por mejorar los ingresos del lugar, el alcalde Pedro Sánchez quiso modificar el nombre del pueblo y llamarlo Macondo. Aunque la iniciativa le traería a la zona un aluvión de turistas y, con ellos, los ingresos que reclaman; todos se opusieron al cambio y Aracataca continuó llamándose Aracataca.
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Sin embargo, no todas son pálidas para el escritor. Uno de los vecinos le explicó a Clarín que el repudio a García Márquez tiene entre sus soldados más acérrimos a los más adultos. “A las viejas generaciones, sobre todo, les cuesta aceptar que Gabo no es uno de esos mafiosos políticos que acostumbraron al pueblo a solucionarles los problemas con métodos de la mafia. Los jóvenes son más comprensivos con Gabo, menos críticos", ilustra.
Mientras tanto, los turistas continúan a la deriva esperando poder conocer el pueblo de Cien años de soledad. Pero eso sí, con museos, afiches, recreaciones callejeras y un mundo de Disney ansiando por sus dólares.
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