El mensaje del Papa en su gira por Budapest y Eslovaquia: "¿El centro de la Iglesia? ¡No es la Iglesia!"

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El sumo pontífice realizó un recorrido por ambos países llevando la palabra de dios.

El Papa Francisco realizó 34º Viaje Internacional, con el que sumó 54 países visitados hasta el momento. En Budapest y Eslovaquia abordó temas de interés para todo el continente. Uno de sus mensajes más significativos fue sacar a la iglesia del centro de la propia iglesia."¿El centro de la Iglesia? ¡No es la Iglesia!", dijo.

El motivo de la parada en la capital húngara fue el 52º Congreso Eucarístico Internacional, que se desarrolló entre el 5 y el 12 de septiembre. Previsto inicialmente para septiembre 2020, respetando la regular frecuencia de cuatro años que lo separaba de la edición anterior en Filipinas, el Congreso fue postergado para 2021 debido a la pandemia del Covid-19.

Apenas baja del avión, el Papa fue recibido por el Viceprimer Ministro, Zsolt Semjén. Se dirigió al Museo de Bellas Artes, a la Plaza de los Héroes, la plaza más grande de Budapest y también la más representativa desde un punto de vista histórico y político. El Papa fue acogido en la entrada del Museo por el Presidente de la República, János Áder, y el Primer Ministro, Viktor Orbán. Juntos se dirigieron a la Sala Románica, donde tuvo lugar una reunión en la que también estuvieron presentes el Secretario de Estado Vaticano y el Secretario para las Relaciones con los Estados. Los temas de conversación fueron el medioambiente y la familia.

Francisco se refirió a "un contexto en el que la democracia aún debe consolidarse" . Para ser más claro aún, usó la imagen del Puente de las Cadenas, que une las dos partes de la ciudad, Buda y Pest, pidiendo "nuevos puentes de diálogo" y una Iglesia con un "rostro que acoge a todos, también a los que vienen de fuera, un rostro fraterno, abierto al diálogo".

"Como obispos, les pido que muestren siempre, junto con sus sacerdotes y colaboradores pastorales, el verdadero rostro de la Iglesia: un rostro que acoge a todos, también a los que vienen de fuera", aseguró el mensaje que Francisco envió a los obispos para sean levadura de la sociedad húngara.

Francisco rezó el Angelus, expresando su deseo final: "Esto les deseo, ¡que la cruz sea vuestro puente entre el pasado y el futuro! El sentimiento religioso es la savia de esta nación, tan atacada en sus raíces. Pero la cruz, plantada en la tierra, no solo invita a echar buenas raíces, sino que se alza y extiende sus brazos a todos: exhorta a mantener firmes las raíces, pero sin atrincherarnos; a beber de las fuentes, abriéndonos a los sedientos de nuestro tiempo. Este es mi deseo para ustedes: con los pies en la tierra y abiertos, arraigados y respetuosos".

En Eslovaquia fue recibido por la presidenta de la República, Zuzana Aputová. Desde ahí el Papa se dirigió a la Nunciatura apostólica, donde tuvo lugar un encuentro ecuménico. El presidente del Consejo Ecuménico de las Iglesias le dirigió un saludo. El Santo Padre pronunció un discurso en el que recordó la esclavitud en los tiempos del régimen comunista, pero afirmó también que en los tiempos presentes era necesario evitar caer en la tentación de la esclavitud interior: "Es lo que nos advertía Dostoievski en un célebre relato, la Leyenda del Gran Inquisidor", en el que el personaje "llega a reprochar a Jesús el no haber querido convertirse en César, para doblegar la conciencia de los hombres y establecer la paz por la fuerza. En cambio, prefirió para los hombres la libertad, mientras la humanidad reclamaba “pan y poco más”".

El Papa dio dos consejos. El primero es la contemplación, «carácter que distingue a los pueblos eslavos», que «saben acoger el misterio». El segundo es la acción. En efecto, «La unidad no se obtiene tanto con los buenos propósitos y con la adhesión a algún valor común, sino haciendo algo juntos por los que nos acercan más al Señor. ¿Quiénes son? Son los pobres, porque en ellos Jesús está presente». Aquí retorna una clara indicación de Francisco, repetida muchas veces durante su pontificado: el diálogo y el encuentro se basan más en las obras que en las palabras. Al final, cerca de las 17:30, el Papa, todavía en la Nunciatura, tuvo un encuentro privado con 53 jesuitas que trabajan en el país.

El lunes 13 de septiembre a las 9:00 de la mañana, el Pontífice se dirigió al Palacio presidencial, el Palacio Grassalkovich, de estilo tardobarroco, ubicado en el centro, frente a la plaza Hodovo námestie. Fue recibido por la presidenta de la República en la entrada del Palacio, donde tuvo lugar la ceremonia de bienvenida. Dos niños, sobre una alfombra roja, le regalaron pan y sal. Después de los himnos, los honores a la bandera y la presentación de las delegaciones, la Presidenta y el Papa se dirigieron al Salón Dorado del Palacio presidencial para sostener un encuentro privado. Al concluir, la presidenta de la República acompañó al Papa a la vecina Sala Verde, donde tuvo lugar el intercambio de regalos y la presentación de la familia. Posteriormente, ambos se dirigieron al jardín del Palacio presidencial para la reunión con las autoridades políticas y religiosas, el cuerpo diplomático, los empresarios y los representantes de la sociedad civil y de la cultura: en total, unas 250 personas.

La Presidenta pronunció un discurso de alto nivel. «El cristianismo y la Iglesia Católica constituyen, desde hace siglos, una parte esencial de nuestra identidad cultural. Acogemos a su Santidad, sin embargo, no solo en su calidad de representante de una de las mayores familias religiosas de este planeta y de sus valores, sino también, y sobre todo, como fuente de inspiración, tan necesaria para el futuro de la humanidad. Para el futuro de nuestra Eslovaquia, y para el futuro del cristianismo en ella, es muy importante el modo como usted lleve a nuestra época el mensaje del Evangelio, no solo como «herencia de los padres», sino como viaje que transforma nuestro presente y nos señala el mañana».

En particular, la Presidenta afirmó: «Usted llama a la humildad, a la misericordia y a la fraternidad humana. Invita a una nueva cultura de la política y a una nueva ética de la economía. En sus encíclicas sociales nos advierte sobre los mayores peligros de nuestro tiempo: el populismo, el egoísmo nacional, el fundamentalismo y el fanatismo. Usted se opone manifiestamente a todos los que quieren aprovecharse de la religión con objetivos políticos».

Después de despedirse de la Presidenta, el Papa se dirigió a la catedral de San Martín de Tours, sede episcopal de la archidiócesis de Bratislava, situada en los márgenes del centro histórico, donde se alzaban los muros fortificados de la ciudad. Aquí se reunió con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y catequistas. Tras un breve saludo de bienvenida del Presidente de la Conferencia Episcopal Eslovaca, Francisco pronunció un discurso. "Estoy aquí para compartir su camino —esto debe hacer el obispo, el Papa—, sus preguntas, los anhelos y las esperanzas de esta Iglesia y de este país», comenzó. Estas palabras son importantes para definir el modo en que Francisco interpreta su ministerio papal".

Así, proporcionó una imagen de la Iglesia precisa que "camina unida, recorre los caminos de la vida con la llama del Evangelio encendida. La Iglesia no es una fortaleza, no es una potencia, un castillo situado en alto que mira el mundo con distancia y suficiencia. Aquí en Bratislava el castillo ya existe, ¡y es muy hermoso! Pero la Iglesia es la comunidad que desea atraer hacia Cristo con la alegría del Evangelio —¡no el castillo!—, es la levadura que hace fermentar el Reino del amor y de la paz en la masa del mundo".

Francisco rechazó la visión de una Iglesia vista como una ciudadela separada del mundo. La Iglesia es humilde, «no se separa del mundo y no mira la vida con desapego, sino que la habita desde dentro. Habitar desde dentro, no lo olvidemos: compartir, caminar juntos, acoger las preguntas y las expectativas de la gente. Esto nos ayuda a salir de la autorreferencialidad. El centro de la Iglesia —¿quién es el centro de la Iglesia?— no es la Iglesia». He aquí el llamado: «Adentrémonos en cambio en la vida real, la vida real de la gente, y preguntémonos: ¿cuáles son las necesidades y las expectativas espirituales de nuestro pueblo? ¿Qué se espera de la Iglesia?».

La invitación fue a "formar a las personas en una relación madura y libre con Dios. Esta relación es importante. Esto quizá nos dará la impresión de no poder controlarlo todo, de perder fuerza y autoridad; pero la Iglesia de Cristo no quiere dominar las conciencias y ocupar los espacios, quiere ser una “fuente” de esperanza en la vida de las personas".

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