Apenas un día después de que resurgieran las diferencias entre los países de la Unión Europea para constituir un nuevo y mayor fondo de rescate de naciones deudoras, la caída del gobierno de Portugal vuelve a poner al rojo vivo la encerrona histórica que vive el Viejo Continente.
Tras meses de rumores, de incrementos en el riesgo-país de Portugal y de una crisis política creciente, el primer ministro socialista, José Sócrates, se vio obligado a dimitir el pasado miércoles tras un contundente rechazo del Parlamento luso a un nuevo y duro plan de austeridad presentado por su gobierno.
El fracaso en lograr la aceptación de éste, el tercer programa elaborado por las autoridades económicas en el último año, adquiere un significado que trasciende los problemas económicos portugueses.
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Después de las debacles de Grecia e Irlanda, Portugal se suma a la lista "in crescendo" de países europeos a los que sus crisis financiera conducen a un colapso político. Y por lo que puede intuirse, no será el portugués el ultimo caso que veremos.
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La crisis política portuguesa, largamente esperada y largamente postergada por esfuerzos locales y de la UE, estalló justo un día antes de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión que tuvo lugar el jueves y el viernes en Bruselas.
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Y, también, justo un día después de que la canciller alemana, Angela Merkel, conmoviera a sus socios al cuestionar parcialmente el acuerdo alcanzado por los 17 ministros de Finanzas de la Eurozona (países que tienen al euro como moneda) para constituir un nuevo fondo de auxilio para los países del grupo en crisis de pagos.
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