Un historiador obsesionado con la muerte profanó 150 tumbas para dar con los cuerpos de las pequeñas, que luego convirtió en muñecas y puso en su casa.
Un historiador ruso de 46 años fue enviado a una clínica psiquiátrica en vez de a la cárcel después de ser declarado inimputable por el robo de 29 cadáveres de niñas que exhumó con sus propias manos para convertirlas en muñecas y guardarlas en su propia casa.
Anatoly Moskin, de la localidad de Nizhni Novgorod, en el centro de Rusia, fue declarado inimputable por el robo de los cadáveres de 29 niñas de entre 3 y 12 años, que había seleccionado de las 150 tumbas que profanó, informó el sitio inglés Daily Mirror.
Moskin explicó en una entrevista de 2007 que caminó hasta 32 kilómetros para incursionar por 752 cementerios en busca de las candidatas perfectas para convertir en muñecas. El historiador reveló que en el camino durmió en galpones abandonados y hasta en un féretro que estaba listo para ser usado en un entierro.
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Pero robar los cuerpos no fue suficiente para Moskin, quien investigó la historia de cada una de las 29 niñas que se llevó a su casa. El hombre se encargó de vestirlas de fiesta, les cubrió la piel y los huesos con género y celebró los cumpleaños de cada una de ellas, y hasta escribió un libro sobre cómo convertir cadáveres en muñecas.
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Antes de su internación en un psiquiátrico, Moskin era considerado una eminencia entre los historiadores especializados en cementerios y era conocido por sus investigaciones de lápidas y sitios fúnebres, informó el sitio DM al momento de su arresto.
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La fijación de Moskin con la muerte empezó cuando tenía 12 años y se cruzó con el cortejo fúnebre de una niña de 11 años. Al parecer, los deudos de la pequeña lo obligaron a besarla y desde entonces surgió en él un interés desmedido por la muerte y todo lo que tiene que ver con ella.
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