El drama de los refugiados, el terror de la guerra y el rechazo europeo a la inmigración parecieran disolverse en la discusión sobre si corresponde o no publicar una foto que es la muestra más cruda de la desidia humana. ¿Acaso somos una sociedad anestesiada? ¿Por qué podemos convivir entre el horror sin inmutarnos?
En 1983 el filósofo francés Gilles Lipovetsky publicó un ensayo titulado La era del vacío donde buscaba alertar a la ciudadanía sobre las prácticas superfluas que la estaban invadiendo y que a su vez horadaban valores preestablecidos para instaurar un reinado de la frivolidad y lo placentero. Ahora bien, pese a que han pasado más de treinta años de su publicación, encontramos que el análisis mantiene su vigencia ya que la sociedad ha mantenido, y aún más, reforzado esta tendencia hacia la vacua superficialidad.
Así pues, esta circunstancia ha propiciado lo que otro pensador francés llamado Jean Baudrillard ha denominado como "era del simulacro" refiriéndose a un momento de la historia en donde prima más la imagen que aquello que ha posibilitado a la misma, corriendo del eje al significado para que el significante capte el centro de las miradas. En este sentido, podemos citar la frase de Baudrillard "simular es fingir lo que no se tiene" y preguntarnos ¿cuántas palabras sentimentales pero carentes de reflexión hemos escuchado como respuesta a esta imagen en los últimos días? Hasta los gobiernos europeos han pronunciado palabras al respecto pero ¿es que desconocían lo que sucedía?
En consecuencia podemos apreciar de qué manera la imagen se ha vuelto nuclear en nuestra era, transformándose en el fenómeno por antonomasia y relegando cualquier otra forma discursiva: lo que miles de cadáveres anónimos esparcidos por el Mediterráneo no pudieron lograr lo hizo una foto que por su morbosidad resultó viralizada. Observar un niño arrojado en la arena y despojado de futuro por la ignominia humana nos impacta, nos repugna e incluso hasta hay a quienes nos sensibiliza, pero ¿cuánto durará esta indignación mundial? ¿Cuánto tardará en emerger un nuevo fenómeno viral, más simpático por supuesto, que nos haga olvidar la tragedia?
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Vivir en la era del vacío, en la edad del simulacro, implica también permanecer en un estado de eterna anestesia. Todo lo que conmueve lo hacer por un tiempo relativamente corto, ya que luego de ese lapso aparecerá otro evento, otra imagen sobre la cual posar nuestra atención, configurándose un eterno ciclo en donde todo escandaliza pero nada cambia dando lugar a una lógica, a una razón que bien podríamos llamar "cínica".
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Vivir en la era del vacío, en la edad del simulacro, implica también permanecer en un estado de eterna anestesia.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El "cinismo" fue una escuela de pensamiento filosófico cuyo mayor referente fue Diógenes, el "Sócrates furioso", un hombre desvergonzado que no tenía ningún pudor en reafirmar su falta de ataduras a las cosas materiales de este mundo. No obstante, la palabra "cínico" ha sufrido algunos cambios desde su emergencia, hasta ser considerada como una cualidad negativa de quien puede afirmar y defender descaradamente aquello que no practica. Que ahora Europa salga a rasgarse las vestiduras ante la publicidad de la sangre que baña sus costas ¿no es un ejemplo evidente de razón cínica?
Aunque claro, también podemos encontrarla esparcida por nuestros propios discursos, como cuando se soslaya el conflicto atroz y violento que obliga a grandes masas de personas a tener que huir de su patria en condiciones inhumanas y que fue la causa directa de la muerte del pequeño, para pasar a debatir ya no sobre la coyuntura, si no sobre la particularidad de si una foto debe o no publicarse.
nene muerto europa.jpg
Quizás haga falta, como lo señaló el filósofo alemán Peter Sloterdijk, llevar adelante una crítica de la razón cínica, esto es, desarrollar un trabajo de deconstrucción sobre lo que nos acontece como miembros de esta sociedad. ¿Cómo se podría lograr esto? En principio dejando de simular, evitando fingir que se tiene una compasión que no se posee sólo porque "queda bien" ante la mirada ajena.
Ahora bien, si esa compasión no existe cabe preguntarse qué es lo que nos sucede que la tragedia del otro no nos inmuta, cuál es el anestesiante que nos relaja y nos neutraliza ante el horror humano. Tal vez tanto simular nos haya vaciado, nos convirtió en seres superfluos que han olvidado que somos responsables por los demás y que sólo se preocupan por su propio bienestar banal, listos a la hora de la escandalización masiva para poner el grito en el cielo. ¿Será reversible esta situación? ¿Algún día empezaremos a dejar de ser tan cínicos?
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario