El can decidió sumarse a los niños que estaban en el juego y no se bajó por nada del mundo, ni siquiera para ayudar a empujar. Felicidad instantánea, garantizada.
Un perro descubrió y se adueñó de uno de los placeres infantiles más entrañables: la vuelta en la calesita. La mascota se sentó muy derechito en su asiento y se dejó llevar por la rotación del juego con tanto gusto que ni siquiera se quiso bajar a empujar cuando faltaba envión.
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