Las Lelic generan la nueva inestabilidad

Por: Fernando Alonso
03 de octubre de 2018

CHAPA FERNANDO ALONSO FIRMA

El dólar cerró este miércoles a 38,73 pesos según el promedio que elabora el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y retrocedió 7,5% desde el récord de 41,88 pesos del viernes anterior. Podría tratarse de una buena noticia, hasta festejar ver caer el precio de la divisa que según la creencia popular sólo sube y cuando baja, es para tomar envión. Pero el problema es que no bajó por una mejora de la productividad de la economía argentina; ni por el ingreso de las IED (inversiones extranjeras directas) que apuestan a la producción en el país; ni por un récord de exportaciones industriales de alto valor agregado; ni siquiera por un récord de exportaciones primarias del agro, minería o energía favorecidas por subas en los precios internacionales. El dólar baja en Argentina porque el Gobierno firmó un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que institucionaliza el modelo de valorización financiera y destruye el aparato productivo.El dólar baja, porque volvió la bicicleta financiera y esa es una gran noticia para los fondos especulativos en la misma relación que es una mala noticia para el trabajo y la producción argentina.

El dólar baja y las reservas suben. En dos días crecieron 100 millones de dólares y aunque las estadísticas del BCRA no discriminan cuánto significa de ingreso de capitales golondrinas -los que llegan para especular- se puede estimar que reflejan unos 300-400 millones de dólares. Es decir, el que ingresó el viernes y vendió los dólares a 41,88 pesos y se los "prestó" al Banco Central, lleva ganado un 8% en dólares. Por cada cien dólares que tenía el viernes se pudo ir ayer con 108 dólares. Una renta que no se puede obtener en un año en ningún país desarrollado. En Estados Unidos llevaría entre dos y tres años obtener esa ganancia.

La estrategia del Gobierno es alimentar esa bicicleta para que se usen los pesos para comprar los dólares y después colocarlos en el nuevo bono estrella del BCRA: las Leliq. Aunque las Letras de Liquidez solo son para las entidades financieras, las tasas que se obtienen se derraman al resto del sistema y un plazo fijo superior a los 20 millones obtiene una rentabilidad promedio de 53% y un plazo fijo para pequeños ahorristas rinde 44%. Claro que para que el sistema pague esas tasas a los ahorristas, los deudores también pagan tasas de ese nivel y, por ejemplo, un descubierto en cuenta corriente para una empresa de probada solidez y con garantías hipotecarias llega a 77%. Para una pyme, supera el 100% anual y hay casos como las compañías que prestan dinero solo con recibo de sueldo están cobrando hasta 160% que castiga especialmente a las familias de bajos recursos.

Sin pesos en la calle, cree el Gobierno, la inflación empezará a ceder y el dólar a ubicarse en un valor promedio de 38 pesos. Así seguiría la economía argentina los próximos seis o nueve meses. Una tasa de interés exorbitante, una economía paralizada y al final de la historia todo se ordenaría mágicamente. La paz de los cementerios.

El mayor problema que enfrenta ahora es que para sostener la bicicleta cada vez debe ofrecer una tasa mayor en pesos y eso hará crecer el déficit cuasi fiscal, el que genera el Banco Central, hasta crecer a un nivel insostenible como sucedió con las Lebac. Entonces, a la primera amenaza, esos fondos golondrinas comenzarán la retirada. Los primeros en salir serán los que tengan acceso a información privilegiada, como el JP Morgan que en abril pasado retiró más de mil millones de dólares a 20 pesos cada uno.

Una estabilidad ficticia, generada a costa de un endeudamiento excesivo, generando un crecimiento de la cantidad de dinero que ´tendrá que ser controlado con mayores encajes y tasas. En el pasado, esa política fue la disparadora de hiperinflaciones y planes Bonex, como el que llevó adelante Erman González como ministro de Economía de Carlos Menem, preparando la llegada de Domingo Cavallo y su convertibilidad.